[EL INEVITABLE DISCLAIMER PARA TARADOS]: Voy a hablar de Avatar. Si quieres verla, mejor no lo hagas. Pero si insistes en tirar el dinero, que sepas que voy a contar cosas de la peli que te pueden arruinar tan penosa experiencia. Avisado/a quedas.

Iba a escribir un post largo explicando por qué Avatar me parece tan mala que es ofensiva, un insulto a la inteligencia de los que pagamos 12 pavos por verla en 3D, pero SuperSantiEgo lo dijo mucho mejor aquí, además de acuñar el término “pitufos USB”, que es una genialidad. Me quedo en especial con estos dos párrafos:

Algunos han dicho que esta película no es que sea mucho arroz para tan poco pollo, sino que es una tonelada de arroz para una pastilla de caldo de pollo, y quizá tengan razón, pero quién sabe si no es la certificación del signo de nuestro tiempo: la fascinación ante la nada, pero no por nada sino por lo grande que es. Será nada, pero es mucha nada. Es nada, pero es enorme, grandísima, un prodigio tan vacío  como inútil, el alarde de no decir nada nuevo, no contar nada original ni profundo o que no cause irrisión sino simplemente ser un cascarón enorme lleno de aire, nada, y que como todo gran arte refleje fielmente lo que somos.

Por eso, para ver esa nueva realidad, necesitamos ponernos delante unas lentes que deformen nuestra visión y nos permitan captarla en toda su gloria, y como ya no sabemos conmovernos solos ni los demás saben cómo hacerlo, tienen que sacudirnos el culete.

Al menos a nosotros no nos sacudieron el culete en el cine. Algo es algo, porque ya lo pasé bastante mal el último tramo, que además de la mierda de peli que era me estaba meando como un niño chico porque claro, para una peli tan larga pillé bastante cocacola. Y luego pasa lo que pasa.

Una nota extra (o disclaimer): Santi, en los comentarios de su blog, aclara que él en ningún momento dice que la peli le pareciera mala. Y es verdad que no lo dice. Pero mucho de lo que dice me parece acertado y me parece una buena razón de por qué la peli se me antoja un truño, así que hago mías esas razones.

Otra cosa: antes de que algún listo (o lista) me salga con el argumento de que es que claro, Avatar se veía que era una peli de no pensar y mierdas de esas, le contesto usando de nuevo un comentario del SuperSantiEgo (que es que estaba sembrado):

Lo de pelis de no pensar y de pensar es una teoría moderna y sin padre que pulula por ahí hace tiempo y que le conviene a más de uno. Todavía estamos esperando que cuando se hagan la productora o el director tenga los cojones de decir “ésta es de las que no se piensa”, o que además de clasificaciones morales te ponga a qué velocidad de proceso tienes que poner el cerebro para estar a la altura de la obra de arte.
Desde luego es una doctrina la mar de interesante: así no hay diferencia entre Casablanca y Manos the Hands of Fate. Todo depende de la voluntad del espectador para maravillarse, y si no lo hace es problema suyo. […] Pues lo que yo digo: con esa doctrina, ya no existe criterio posible. Lo que no puede ser es utilizar un criterio para una cosa y el contrario para lo mismo quince minutos después. No podemos decir que mola Avatar porque hay películas para todos los gustos y luego cachondearnos de Luna nueva porque es una mierda.

Estamos a lo que estamos o dejamos de decir tonterías.

Así que ahorraros la obviedad. Si os gustó me alegro por vosotros, sinceramente, y respeto vuestra opinión de manera igualmente sincera. Como si decís de ir a verla 6 veces más, olé vosotros.

El problema de Avatar es que tenía que haber sido un documental, y no una película. De ese modo podría haber durado la mitad de tiempo, y yo habría salido del cine cantando loas a James Cameron y su increíble visión, y de qué manera ha creado un mundo alienígena extraño y maravilloso. Si simplemente se hubiera limitado a presentar a los Nabos, los animalillos y las planticas, todos conectados en red, todos tan 2.0, explicar sus jipiosas costumbres totalmente inverosímiles y cómo viven las diferentes tribus en diferentes entornos, me habría parecido una pasada. Vamos a ver cómo viven los Nabos de la jungla, que no es igual que cómo viven los Nabos de la playa (que imagino que usarán a los delfines como discos duros portátiles, botellas de O2 adicional y no sé qué más), a ver cómo viven los Nabos de los polos del planeta, y demás. La imaginería de la película es hermosa como un techo de iglesia renacentista, el 3D es realmente convincente, y ver y explorar ese mundo habría sido una experiencia fantástica. Pero quiso ser una peli y ahí se terminó de joder.

En serio, todo hubiera sido mucho mejor si ningún personaje hubiera hablado nunca, a lo largo de toda la peli. Porque cada vez que alguien hablaba, era doloroso. Y no se salvaba ni uno.

No es que el argumento fuera ramplón y se viera venir. No es que antes de que cada personaje hablara yo estaba vocalizando lo que decía y acertando siempre. Es que podías predecir hasta los planos de cámara que iban a hacer. Joder si es predecible, que Deirdre se tuvo que salir a mear justo antes del momento Braveheart, y al volver se topó con la Móni que iba a lo mismo, teniendo un diálogo tal que así:

– Deirdre: Nena, cuéntame qué me he perdido.

– Móni: No, cuéntamelo tú.

Y la Deirdre se lo contó, con pelos y señales. Y acertó en todo. Vale que la chica es muy espabilada y no le quiero quitar mérito, pero vamos, qué cojones contarle a alguien un trozo de peli que no has visto y acertar todo. [Deirdre, preciosa, si no fue así corrígeme]

Me gusta la ciencia ficción porque hace cosas que no se pueden hacer en ningún otro género. Sólo la ci-fi o la fantasía nos permiten preguntarnos “¿y si?” y ver qué haríamos los humanos si pasara esto o lo otro, de manera plausible y verosímil. Le acabo de regalar a Nur “Las estrellas mi destino”, de Alfred Bester, una obra maestra que se plantea qué pasaría si todos los humanos descubriéramos que podemos teleportarnos, y qué le pasaría al único humano que no tuviera esa capacidad.

Avatar coge toneladas de posibilidades y, sencillamente, las ignora en su estúpida ramplonería. No es una peli de ciencia ficción por mucho robot de carga, mucha nave espacial y mucha polla en olla azul y con 6 patas que le ponga.

¿Por qué los Nabos tienen un lenguaje verbal, si son capaces de conectarse directamente con Dios y su puta madre? ¿Qué necesidad tuvieron de desarrollarlo, aparte de para poder decir polladas pseudoecologistas recicladas de libros de citas de los sioux cuando llegaran los humanos a colonizarles el culo? ¿Qué coño tiene ese mineral cuyo nombre no recuerdo para que sea valioso y no podamos sintetizar algo de propiedades similares con la tecnología que tendremos en esa época, teniendo que ir a joder a los pobres Nabos? ¿Que flota? ¿Y por qué? Que esto no es Harry Potter, que cada vez que alguien hace una gilipollez se arregla diciendo “Es magia”. Dune no emplea capítulos enteros en explicar por qué la especia es importante, pero si todo el (supuesto) drama de tu historia trata de la lucha por el mineral, deberíamos saber qué hostias hace.

¿Si todos los animalillos están conectados, por qué no se dejan comer directamente y que el planeta gestione el tema de la caza? O sea, ¿si están tan integrados en el medio por qué tuvieron que desarrollar herramientas? Como decía Santi, seguro que los perros salvajes de Pandora no dan las gracias cuando se comen un Nabo, se lo meriendan y ya está.

Más cosas: si los humanos pueden crear organismos con una genética mixta de humano y Nabo que puede pilotarse por wifi, ¿por qué no sería más fácil hacer avatares de cuerpos humanos, de modo que fuéramos inmortales a todos los efectos? Te haces viejo, o te lesionas, o lo que sea: no hay problema, te cargamos en un avatar humano (que debe estar chupado de hacer) y a correr. ¿Y con toda esa tecnología curar una lesión de médula es demasiado caro? ¿Es que estamos de coña?

Y eso ya sin meternos a hablar de las polladas como que los robots de carga lleven cuchillos de comando gigantes (¿para hacer salami gigante?), que una atmósfera sea irrespirable pero que la gente vaya en manga corta haciendo molinetes con el nabo y en torretas al descubierto en lo alto de aviones que vuelan por el cielo sin que se les irrite nada, o que alguien fume dentro de un recinto donde hay que purificar la atmósfera y no le hagan apagar el puto cigarro a hostias (hasta los pedos deben estar controlados ahí), o que el planeta decida caprichosamente que bueno, que si os tumban vuestro árbol – aldea podéis mamarla, pero que luego aplastar a los humanos si lo pide el elegido es como trivial (lógico, lo fácil que es meter unas palomicas en las turbinas y tumbar los aparatos voladores). No sé de qué se preocupaban los Nabos ni para que necesitaban al enésimo elegido de los huevos (con puta profecía trillada incluida) si con echarles encima unas cuantas bandadas de pájaros a los marines ya ganaban. Esto era como volver a ver la Batalla de Endor, pero en vez de ositos de peluche enanos eran pitufos gigantes, tumbándose a los mejores soldados del mundo. Lo cual ya me parece bien, porque a esas alturas yo ya les odiaba a todos y deseaba que murieran todos entre estertores, humanos y Nabos por igual.

Cuando me hicieron ir a ver Titanic pensé que James Cameron había hecho la mierda más grande de la historia del cine. El tiempo pone a cada uno en su sitio. Si Titanic es la foto enorme y amorosamente detallada de un truño, Avatat es un holograma 3D que no sólo te permite ver la mierda desde todos los ángulos, de cerca y de lejos, sino que parece que puedes meter el dedo.

Seguro que la próxima producción de Cameron, además, huele. 13 putos años de trabajo para esto.

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