Si hay un adjetivo que define perfectamente el país en el que vivimos es el de cainita, que viene a ser (según la R.A.E.):

cainita.

(De Caín).

1. adj. Perteneciente o relativo a Caín.

2. adj. Se dice especialmente del odio o enemistad contra allegados o afines.

3. adj. Dicho de una persona: Que se deja llevar por el odio o la enemistad contra allegados o afines.

Fijaros especialmente en las acepciones 2 y 3, porque los seres mitológicos me vienen a dar igual.

Sucede que la gente tiene esta romántica idea de las relaciones familiares por la cual el simple hecho de compartir cromosomas y genes con otra gente por una mera cuestión de azar crea, de manera mágica, una serie de sentimientos y emociones y por tanto una serie de deberes. La realidad,

Caín ganándose el apelativo

Seguramente lo hizo por vegetariano.

como siempre, muestra que lo que pensamos de las cosas no es muy importante al final.

Es posible para mucha gente en esta España de mierda pensar que puedes desatender a tu anciano padre, encalomárselo a tu hermana, dejar que ella y su marido y sus hijos lo cuiden durante 34 años, y luego venir tú y tus bastardos hermanos a exigir una serie de derechos y prebendas – o sea, pasta – porque también era vuestro padre y que a ver qué va a ser esto. Y que sin duda, si él decidió recompensar a esa hermana tuya por su dedicación y abnegación de un modo diferente de ti mientras vosotros pasabais meses y meses sin siquiera llamarle (pese a vivir en la misma pequeña ciudad), es porque tu hermana le maltrató y obligó porque claro, cómo no iba él a querer que sus hijos de sus entretelas, tras pasar de él como de la mierda, no se llevaran un trozo igual de sus magras posesiones. Que es lo que os importa, al final. Esas son las familias más unidas de nuestros pueblos y ciudades pequeñas, donde  los lazos son más estrechos.

Menos mal, me digo a menudo, que tu anciano padre – que para muchas cosas fue muy poco lúcido – tuvo la sensatez necesaria para hacer las disposiciones necesarias 13 años antes de palmar, sin dejar esas cosas a testamentos (que no hizo ninguno) y similares, de modo que aquello que él entendió que en justicia correspondía a tu hermana quedó debidamente asegurado a cambio de que tu hermana le cuidara y cumpliera con su deber, como hizo cada día de esos años. Y bien que cumplió, aunque nunca esperó llevarse nada. Y bien que cumplió el marido de vuestra hermana, sin ser hijo suyo. Pero tu padre lo sabía.

Menos mal, también, que vosotros nunca tuvisteis esa lucidez, esa capacidad de previsión ni esos huevos. De modo que como la cigarra del cuento os dedicasteis a tratar de cubrir unos mínimos insuficientes pensando que, como era vuestro padre y vosotros erais más listos – con carreras universitarias los tres, y todo eso – ya os lo llevaríais muerto sin hacer nada. Nunca mejor dicho. Yo sé que no os apena que vuestro padre se fuera y no pensáis en todo lo que pudisteis compartir con él y no hicisteis, eso es claro que nunca os importó. Mirabais a vuestro padre como una inversión, como un plan de pensiones, como algo que algún día os rendirá un dinero sin que tengáis que atenderlo ni preocuparos de ellos. Para eso está la familia, ¿verdad?

Pena, os equivocasteis.

Soy consciente de que eso no os detendrá a la hora de chillar como los cerdos que sois, de reclamar lo que no os corresponde y de tratar de causar daño a vuestra hermana, porque además de cabrones, sois ignorantes y no tenéis ni idea de lo que habláis y en vuestra débil y delirante mente pensáis que de verdad tenéis derecho a reclamar todo eso porque compartís algo de ADN con él. Porque no sabéis que lo que un adulto en posesión de sus facultades hace con sus posesiones es cosa de él, y que de nada ha de rendir cuentas, y menos a los bastardos malnacidos de sus hijos, por mucho derecho que ellos crean tener. Haber llegado antes. Pero claro, podéis intentar aprovecharos de que vuestra hermana no está tan bien informada, y quizá vuestras sandeces puedan ser creíbles para ella. Por suerte, ahora está mejor aconsejada.

Mis padres vendrán a pasar conmigo estas Navidades, y mi hermano, que no podrá estar, les ha ayudado a que el viaje sea mejor. Y esto de gratis, oiga. Ambos esperamos que mis padres se fundan en vida todo el dinero que tengan, y no nos dejen más que los buenos recuerdos de todas las veces que hemos estado con ellos, de todo lo que les hemos querido, y todo esto simplemente porque, a lo largo de su vida, mis padres se lo han ganado con creces. No necesitamos más. Pero claro, mi hermano y yo no somos unos tontos – sabemos perfectamente de lo que se habla cuando decimos “padres” o “hermanos”. Ni somos unos cabrones.

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