Recuerdo la primera vez que me fijé en Nur, aunque no recuerdo la primera vez que nos conocimos. No es lo mismo una cosa que otra, claro. Por una de estas casualidades, ella no recuerda cómo nos conocimos, pero el momento en que se fijó en mi coincide con el mío.
Tiene que ver con un vestido negro.

Recuerdo la primera vez que me fijé en Nur, aunque no recuerdo la primera vez que nos conocimos. No es lo mismo una cosa que otra, claro. Cuando me fijé en ella por primera vez, ya hacía tiempo que nos conocíamos por la asociación, y nos habíamos encontrado en persona alguna que otra vez. Sólo que no recuerdo cuándo fue la primera vez. Por una de estas casualidades, ella tampoco recuerda cómo nos conocimos, pero el momento en que se fijó en mi coincide con el momento en que me fijé en ella.

Lo de la magdalena es una referencia más a la historia de la magdalena de Proust, que leí por primera vez en el blog del gañanazo de mi hermano de armas. Sólo que, quizá por la manera que tengo de funcionar, no es un estímulo olfativo o gustativo sino visual. Tiene que ver con un vestido negro. El magdalenazo me vino cuando tendía el vestido tras lavarlo el otro día, y me vino la escena completa. Fue hace unos dos veranos, que estaba de visita por aquí. Estaba en una cena de excéntricos – perdón por el chiste privado – y Nur también andaba por ahí. Cuando ya me marchaba la encontré fuera, tomando el aire, porque hacía mucho calor y tenía uno de esos dolores de cabeza que a veces padece. Y entonces me fijé por primera vez en ella y pensé “Qué guapa es esta chica. Qué bien le sienta el vestido. Parece tristona.” Ella dice que se fijó por primera vez en mi en esa cena, pero al llegar al restaurante, que estaba hablando yo con otra gente. Casualidades.

No sé si se lo volví a ver puesto en mucho tiempo. Ahora tampoco está igual que estaba en aquel momento, está bastante más buena. Y sigue estando preciosa con ese vestido. Espero seguir viéndoselo puesto muchas veces más.

¿Y vosotros? ¿Qué magdalenazos habéis tenido?

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