Para este viaje no requería alforjas

Para este viaje no requería alforjas

Como no todo va a ser lectura electrónica (aún), poco antes de salir de vacaciones pasé por Gigamesh y pesqué Nocturna, de Guillermo del Toro. ¿Y por qué? No por una recomendación, como comentaba Rapunzell hace un rato, sino por algo similar como es la asunción errónea de que si eres bueno en A, probablemente eres bueno en B.

Meeeeeeeeeeec. Error, no te llevas el bote.

Guillermo del Toro es un director de cine cojonudo. Así, sin más. No he visto una película suya que no me haya gustado un montón. Es un tío apasionado por su trabajo, que tiene incluso el hábito de crear unos cuadernos maravillosos para cada proyecto. A este tío le gustan los cuadernos chulos, lo cual es un bonus gigantesco para mi, porque a mi también me chiflan, y es obvio que si le gusta lo mismo que a mi es una persona inteligente y de buen gusto.

Pero por desgracia esa hermandad intelectual que compartimos me llevó a creer que sería un escritor tan dotado como lo es como director, en un raro momento de debilidad mental. Y olvidé una de las Reglas de Oro de Imperator Sobre los Títulos de las Cosas, que dice así:

Cuando una obra se presenta con la introducción “Del director / creador / productor / guionista de…” sin poner de entrada el nombre del menda, la probabilidad de que el producto sea un truño se aproxima a 1. Ejemplo: De los productores de Transformers…

A veces me jode tener razón siempre.

Hay que decir en descargo de Guillermo (le llamo por su nombre para crear una ilusión de familiaridad, como si él y yo discutiéramos de sus proyectos, jaja), que no es sólo culpa suya. En realidad el libro ha sido escrito en colaboración con un pavo llamado Chuck Hogan. ¿Quién es Chuck Hogan? Ni puta idea. No sale ni en la wikipedia ni tiene web propia.

Este Hogan tiene una larga carrera (dicen) escribiendo cuentos de terror y ganó en 2004 el premio Hamett que es un premio de novela policíaca. Pues vale. A mi me parece que Guillermo del Toro quería que alguien le escribiera la novela basada en una idea de una película que hará en el futuro cercano, cuando acabe de rodar El Hobbit. Y se buscó un “negro” (en el sentido literario) que le hiciera el apaño. El tal Hogan, a juzgar por su pinta, debió hacerlo por dos cajas de cerveza y una entrada de temporada para el NASCAR. Quién sabe.

El caso es que el libro no es terrible. No es tan malo que no puedas acabarlo. No es tan malo que quieras estrellarlo contra la pared. Simplemente, no es demasiado bueno, y a veces hay cosas que te rechinan los dientes. Es algo que ya hemos visto, sin ir más lejos, en la maravillosa El Misterio de Salem’s Lot de Stephen King, y mejor contado porque en un pueblo pequeñito es más fácil creerse la historia.

Además de eso están los clichés. Oh, Dios, los clichés. El Viejo Superviviente De Los Campos de Concentración Que Sabe Todo (Los Vampiros de la Mente, de Dan Simmons), el Vampiro Malo Gigantesco Físicamente (El Torreón), el protagonista médico del CDC con problemas conyugales y un hijo muy espabilado (demasiadas fuentes, mira CSI), la pareja de la ex-mujer del héroe que es un gilipollas para que éste te caiga mejor,  una referencia a Marilyn Manson para sacarte un rockero controvertido… Demasiado cliché.

La trama es predecible, y el desarrollo de la historia es el de cualquier historia de terror que hayáis leído. Ni un sólo giro inesperado. Nadie es otra cosa que lo que parece. Y además, todo tiene pinta de estar escrito con el propósito de pasarlo a un storyboard.

Además de eso, la traducción al castellano es castellano iberoamericano, con que te encuentras verbos como “halar” que aquí no son comunes, y cosas por el estilo. No es muy marcado, pero se nota y rechina. Y a veces los autores nos obsequian con frases y descripciones como esta (p. 499, énfasis mío):

Zack tenía una mirada preadolescente y autoprotectora, pues las emociones del momento eran demasiado descarnadas y confusas para él.

ME CAGO EN MI PUTA VIDA, MIS OJOS, MIS OJOS. AAAAAARRRRRGGGHH.

Por último, el libro es una primera parte de una trilogía y se nota un montón en el ritmo, el desarrollo de la historia y cómo rellenan páginas. Detesto cuando el autor hace eso. Incluso si un libro es parte de una serie, cada libro debería ser una unidad autocontenida. A 25 páginas del final estoy viendo que el libro va a acabar de forma absolutamente inconcluyente. Un anticlímax, vaya. O más claro, una mierda pinchada en un palo.

Yo voy a Gigamesh a que me lo revendan y al menos recuperar parte de la inversión. Y desde luego no voy a esperar sentado a que saquen la 2ª parte.

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