La otra noche me tuve que quedar hasta las 4 AM acabando una presentación para un curso que di ayer. Al día siguiente fui a defender el curso y esa presentación frente al cliente a cuyos empleados dirigimos este curso, y fue un éxito. La idea del curso es innovadora, no en su contenido y objetivos, sino en su presentación. El cliente pidió algo distinto, con una idea vaga de hacerlo y fui capaz de concretar eso en un curso con actividades concretas, en poco tiempo, y contundente como un mazazo en la frente. Todo esto para un grupo en el que la mitad más o menos de los asistentes eran formadores.

Cuando defendía la presentación, reunido con dos personas de la empresa, la reacción fue muy positiva. Es bueno, porque quiere decir que la gente en el sector quiere cambiar el modo tradicional en el que se plantean los cursos. Es bueno porque han confiado en mi para hacer algo diferente, y porque me tienen asociado con la idea de cursos rompedores, originales y sorprendentes. Eso es muy bueno.

El curso fue muy bien, al final. Las sorpresas que planeamos salieron perfectamente bien, y en general hubo gran satisfacción. No gustó a todo el mundo claro, pero eso es lo que hay cuando te sales de lo habitual y tienes un estilo diferente. Tiene que haber de todo, y las críticas fueron útiles también. Espero que el cliente haya quedado definitivamente contento.

Mientras, dejo aquí la presentación que usé, tras quitar referencias al cliente y cosas así. Muchas cosas no tienen sentido si no estoy allí contando lo que significan, pero ese es precisamente el propósito: que el PowerPoint no sustituya al que hace la presentación. A ver qué tal. De momento, parece que estalínea va gustando y eso me encanta.

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