Una de las contiendas entre frikis más estúpidas que existen es la lucha por determinar qué es mejor: Star Trek o Star Wars. Los fans de ST a menudo han acusado a SW de no ser ciencia ficción de verdad, y de ser superficial y cutre. Irónicamente, los lectores de ciencia ficción de los años 60 decían lo mismo de Star Trek, con ese Kirk siempre dispuesto a cepillarse a cualquier alienígena calentorra que se encontrara (el sexo no incumple la Primera Directiva, creo), patear culos de Klingon, rasgarse la camiseta y, en general, no comportarse como un personaje de un relato de Isaac Asimov (para eso estaba Spock, quizá).

El período de gloria real de ST acabó en el 1977, cuando un juggernaut llamado Star Wars tomó el universo del cine por asalto, y cambió profundamente la manera de contar historias de muchos cineastas. Instantáneamente comenzó una estúpida guerra de frikis porque bueno, supongo que en mayor o menor medida todos los que amamos intensamente algo lo incorporamos como parte de nosotros y no llevamos bien que lo critiquen, o simplemente porque es divertido.

La razón principal por la que existe esa guerra, creo yo, es la misma razón por la que no debería haber ninguna clase de comparación o enfrentamiento. Aunque en las dos sagas hay montones de aventura y naves espaciales, lo cierto es que son mundos muy diferentes: en ST se enfatizan los temas de la exploración de lo desconocido, temas morales, sociales y políticos, y la especulación sobre diferentes sociedades. En Star Wars se nos presenta una épica del Viaje del Héroe que sigue el modelo de J. Campbell (que no es que sea el único pero tuvo su momento de gloria), con muchos arquetípicos míticos por ahí, crecimiento y redención. En realidad es como comparar si es mejor fantasía Conan el Bárbaro o El Señor de los Anillos: es una sandez, porque aparte de que son ambas obras de fantasía ubicadas en mundos imaginarios, no tienen nada que ver. O como tratar de decidir si es mejor juego de mesa el ajedrez, o el Diplomacia. Pero los frikis suelen operar bajo absolutos y hacer falsas comparaciones todo el tiempo, y la guerra siguió.

Durante mucho tiempo los fans de SW han tenido la ventaja porque, en general, las pelis de ST tienden a ser bastante asquerosillas (las series son otro cantar) y además los fans de ST suelen estar más asociados con frikis empollones asociales del MIT, con gafas de culo de vaso y protectores de plástico para los bolis, mientras que gente molona y divertida como Kevin Smith era fan de Star Wars que, además, tiene una larga y gloriosa trayectoria de buenos juegos de ordenador, merchandising bien pensado, y chicas disfrazadas con el bikini de Leia cuando era esclava en El Retorno del Jedi. Eso es un punto ganador. No es que los trekkies no pongan lo suyo en ese último punto, pero Lucas compensa sus carencias a la hora de dirigir pelis con una magnífica capacidad de marketing. 

Los fans de Star Trek han respondido, en general, de la manera que el estereotipo de ellos haría esperar: por ejemplo, el autor de ciencia ficción David Brin escribió un ensayo megapedorro en el que explica que George Lucas es una especie de fascista antidemocrático encubierto, mientras que Star Trek propugna unos líderes que, aun siendo lo mejor que tenemos para ofrecer, siguen siendo humanos sin superpoderes, y por tanto, democráticos. Sin embargo, la mayoría de debates se han centrado en las cosas importantes como por ejemplo, si un Destructor Imperial se tumbaría al Enterprise en una batalla espacial, con toneladas de pseudociencia y demostraciones acerca de las capacidades de un montón de artefactos que de todos modos no existen y no obedecen las leyes físicas en ningún caso.

Esto siguió siendo así hasta que Lucas vomitó la trilogía más penosa de la historia del cine, haciendo que de repente ser fan de Star Wars fuera más o menos equivalente a ser fan de las pelis snuff de cachorrillos, o algo así. Después de eso apareció una serie de animación que, según la impresión que obtuve al ver un episodio, había sido diseñada por fans de Naruto. Aparte de eso, J. J. Abrams ha lanzado una película de Star Trek que, según parece, está muy bien, es divertida y es apta para no iniciados que, por ejemplo, quieren ver subtítulos en los diálogos en klingon, en vez de tener que estudiar ese estúpido idioma imaginario para ver la peli. Por supuesto, habrá muchos trekkies a los que esto no les guste. A menudo, los fans acérrimos de algo acaban considerando que esa creación es suya y no debería compartirse con las masas sin lavar. El destino de las minorías intelectuales es triste, en verdad.

Para acabar este ensayo, he encontrado este vídeo que responde de forma clara y didáctica a una de las más relevantes preguntas que se han planteado en este post. Pasadlo bien.

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