No sé muy bien qué tiene que ver esta foto, pero quiero ponerla aquí.

No sé muy bien qué tiene que ver esta foto, pero quiero ponerla aquí.

Pasado mañana empezamos viaje, y nos olvidamos de crisis, de trabajo, de ordenador y de movidas  en general. Sólo andar, pensar y estar juntos. No solos, porque el camino es algo transitado, y siempre conoces a la gente con la que coincides y compartes la experiencia. No muchos días, ni desde luego una prueba que nos lleve al límite. Pero el camino que vamos a hacer no trata de eso, no se trata de ir hatsa donde nunca fuiste, al menos no para nosotros. Tengo una enorme ansiedad respecto de ello, llevo uno sdías nervioso y me cuesta más trabajo concentrarme de lo normal, como me pasa a menudo antes de un viaje, pero al mismo tiempo estoy loco por hacerlo. Ya hemos comprado y preparado todo, hemos impreso la guía de la ruta (para mí es nueva y desconocida), hemos recogido consejos de Fantine, que ya pasó por este camino, y todo está más o menos listo.

Mañana empaquetaremos las cosas, porque el avión sale a las 7:20 y habrá que levantarse antes de que salga el sol. Ya dormiremos en el avión. Gracias a la previsión de Nur, además, tenemos margen de días para hacer el camino, estaremos fuera 7 días, pero sólo necesitaremos 4 – 5 para cumplir los 116 kms de ruta, de modo que podremos cacharrear a gusto por ahí.

Gracias a (o por culpa de) mi trabajo, me he encontrado haciendo bastantes viajes, no demasiado largos, en los que estaba sólo conmigo mismo y he acabado apreciando mucho la oportunidad del viaje para encontrarse con uno mismo. El camino te da muchas de esas oportunidades, de la mejor manera posible. Y es mejor aún si Nur viene. No me engaño: cuando vas por el camino siempre hay ratos en los que viajas solo, aunque otra persona ande a tu lado. Y esa parte del camino ha de disfrutarse tanto como las que compartes con los demás que andan por la senda.

Va a ser una gran, gran cosa que vivir.

Por otro lado, hoy he hecho una entrevista para ampliar un poco más mi clientela. El año pasado tuve tanto trabajo que, realmente, hacer más marketing y buscar más clientes no era viable, deseable, ni posible. Ahora que tengo algo más de tiempo, me dedico a hacerlo, más tarde que otros años. Cada vez creo más firmemente que si hoy por la noche, en las noticias, saliera un tío con suficiente autoridad diciendo que la crisis ha acabado, la crisis acabaría o al menos aminoraría en una enorme medida. Todo el mundo habla de la crisis, pero muy pocos están mano sobre mano. Sobre la mesa hemos puesto varios proyectos posibles, con las ventajas que me da el ser un todoterreno y el hablar inglés. 

Las crisis deben aprovecharse, y hemos de aprender a disfrutarlas. Las crisis son la manera que tiene la naturaleza de hacernos mejores. Eso sí, para que haya aprendizaje también hemos de tener momentos de calma entre las crisis 😉.

Este viaje será un trozo de calma entre abuelos enfermos, panificadoras nuevas que me llenan la casa de olor a pan, cursos que diseñar y clientes nuevos por conocer, y muchas más cosas que tengo pendientes. Tengo un plan para explorar Barcelona con Nur, juegos que probar, una montaña de libros de trabajo que me llega a la cintura – no exagero -, pero todo eso va a esperar a que Nur y yo acabemos nuestro trozo de tranquilidad, como si fuera una tarta que nos vamos a comer despacito.

 

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