Más o menos, el chisme se debe parecer a esto. Aunque he pillado la primera foto que he visto.

Más o menos, el chisme se debe parecer a esto. Aunque he pillado la primera foto que he visto.

… las señales hablan de ello. La pizarra en el despacho ha ido mostrando una cuenta atrás, con números animados y dibujados primorosamente cada día. Hoy, un número 1 con bracitos que agita banderas me mira desde la pared a mi derecha. Mañana es el día. Lo sé porque lo he dibujado yo.

 

Mañana es el día de la panificadora. Si no ha sido antes es porque, simplemente, mañana es el día que Lidl lanza una de oferta al 50% del precio usual. Sólo así Nur se ha podido refrenar. Sin embargo, me ha hecho saber que mañana – sábado – ella piensa estar a las 9 de la mañana en la puerta del Lidl más cercano para pescar la panificadora.

No hay nada como la motivación adecuada.

Cuando hace unos días Nur me dijo que quería una panificadora – bueno, “dijo” no es exactamente la descripción más precisa de lo que hizo – yo le dije que me parecía bien si realmente era un chisme que fuéramos a usar, y no algo que fuera a pillar un sitio que no tenemos en la cocina. Una panificadora es un bulto considerable, y no hemos puesto un microondas por no ver claro dónde colocarlo. Entonces Nur hizo pucheros un rato, le bufó a varias cosas – a mí entre ellas – e hizo algo que no ha hecho en todo el tiempo que llevamos viviendo juntos, o en el tiempo que estamos juntos.

Ha despejado la cocina, tirado un montón de mierda, colgado una cesta de metal para unos botes, ha sacado la cafetera del rincón en el que estaba, y de repente hay mucho, mucho más sitio en la cocina para hacer cosas, además de tener espacio para la panificadora. Ya sabéis, el tipo de cosas que uno puede pegarse años diciendo que habría que hacer y nunca hacemos. Todo esto intercalado con pintar en la pizarra una “cuenta atrás de días para panificadora”, dar saltos y palmas, reírse aleatoriamente y contarme con los ojos muy abiertos la de cosas que va a hacer con la panificadora. Algo que, probablemente, le habría llevado años decidirse a hacer. Además de eso, hacer nuestro propio pan tiene una gigantesca cantidad de ventajas, y de ahorro, incluyendo el gasto estimado de electricidad por el cacharrico. De hecho, si bien no ahorramos mucho en lo que es bollería (magdalenas y tal, varía de un 5% – 15%) cuando llegamos al pan típico de barra podemos ahorrar hasta un 200%. Sí, un 200%. Adios, pan de molde.

Como la nena no puede esperar, ha estado haciendo experimentos de hacer pan sin panfiicadora. En tiempo la verdad es que la inversión es ridícula. En cuanto al producto, la única pega es que la miga no ha salido perfectamente esponjosa, sino un poco apelmazada, lo cual es en mi opinión cuestión de práctica (la panificadora debería ayudar con esto); en cuanto a sabor, ninguna pega, el pan estaba buenísimo (sobre todo con el hummus que hago yo). Y ha durado muchos días sin ponerse correoso, ni perder en nada.

No hay nada como la motivación adecuada.

 

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