La eminencia en cuestión

La eminencia en cuestión

Ahora va Hernán Casciari, un tipo bastante famoso en esto de los blogs y dice que los blogs y la etiqueta de bloguero estarán muertos en dos años. Es más o menos como si Henry Ford hubiera dicho, después de forrarse con el automóvil, que el coche y el concepto de automovilista estaría muerto en dos años. Una sandez. Bienintencionada quizá, como los que decían que en el año 2000 los coches volarían sin contaminar, pero una sandez.

 

No entiendo cómo se pueden “morir” los blogs, salvo como un fenómeno muy claro de la percepción tan limitada que nos da Internet. Estamos en Internet y entramos en un mundo que es de palo, completamente, pero nos creemos que todo es así. Nos colocamos unas anteojeras y lo vemos todo color 2.0. Los que pasamos mucho tiempo en Internet pensamos que todo el mundo está ahí, y no es cierto: vemos cuánta gente está en Facebook y lo flipamos, y decimos “la rehostia, toda mi antigua clase está ahí” y se nos olvidan el infinito número de personas que no están en Facebook, que no tienen un blog, que no nos cuentan en Twitter si acaban de cagar y de qué color era el truño, y que no tienen un blog que actualizan cada año por San Cucufato. La inmensa mayoría de la gente no está en Internet, no tiene Internet en casa aún. Apenas el 43% de los españoles son usuarios dela Red. Y a pesar de que la prensa, estúpida e inútil como siempre, lo ha llamado primero “revolución” (nada que la prensa anuncie como tal lo es) y luego “fenómeno” (quizá mejor, pero ya tarde para ser noticia), lo cierto es que los blogs son una cosa minoritaria dentro de un universo minoritario. Pero es que luego, de ese pequeño porcentaje que se conecta a Internet, la gran mayoría de ellos no tiene un blog, ni se mete en Féisbuc, ni nada de eso. Y de los que lo hacemos, la mayoría abren el blog y escriben 2 posts y lo dejan, o actualizan una vez cada 6 meses, a menudo diciendo algo como “Vaya, cuánto tiempo sin venir por aquí.” Los blogs no van a morirse porque nunca, en realidad, han existido. Es más cancamusa, como las startups de mucha gente 2.0, a la Mobuzz TV.

Y ahora sale un gurú del bloguerío, que es como ser un gurú de la masturbación de fantasmas o una eminencia en contar ángeles danzando en una aguja, en un certamen autofelativo en el que una minoría irrelevante se cuentan lo importantes que somos, a decir que los blogs se mueren en dos años máximo. Y todo el mundo a asentir, y a decirse “claro, claro, no somos nadie, vinieron y se fueron” porque un tío que vive / ha hecho su fama de ello ha dicho que el negocio se acaba. ¿De qué vas a vivir ahora, pues? En realidad todo seguirá igual, porque los que hacen predicciones que no se cumplen nunca tiene que rendir cuentas de sus errores, y la gente es en general demasiado propensa a olvidarlo. Si la gente recordara las cagadas, los economistas no existirían.

La fascinación de la gente con las predicciones apocalípticas me fascinan: la gente dijo que el teatro desaparecería cuando llegó el cine, y la ópera desaparecería cuando nacieron los discos, y el cine cuando apareció el vídeo, y el vinilo por culpa del CD… Siempre hay algo al girar la esquina que va a acabar con nuestra vida tal y como la conocemos. Raro, nunca llega.

Nunca se acierta con estas predicciones. Nunca. Me da igual si Casciari es un gran crítico de series (aparte de que no le guste la ci-fi), si escribe muy bien o lo que quieras. No lo sabe. Nadie lo sabe. Predecir estas cosas es como ser economista con MBA: una monumental pérdida de tiempo, y la certeza casi absoluta de que aciertas más tirando al azar un dado. Esto último no es broma: hay evidencia experimental al respecto, que implica a una mona eligiendo valores de inversión al azar, y obteniendo mejor resultado que un panel de expertos.

El argumento de Casciari es que la mayoría de los que usamos un blog no tenemos nada que decir. Usamos la herramienta porque la herramienta está ahí. Salvo una minoría de élite, en la que él se incluye en su charla, que siempre han tenido algo que decir y lo decían independientemente del medio, sin que por eso se les llamara según la herramienta que usaban. Muy acertadamente, él dice que nadie le llamaba “wordperfectero” por usar WordPerfect 5.0 para escribir, y tiene razón. Y también dice que, afortunadamente, las masas sin lavar que no tienen nada que decir ahora están en Twitter, Tuenti, Facebook y les dejan a ellos, los buenos blogueros, tranquilos. Y que de aquí a dos años, sólo quedarán en pie los blogs de quien tenga algo que decir u ofrecer, que no se llamarán blogs, sino sitios webs o algo así. Y que morirá la idea de blog como género, cosa que según Casciari le hace daño a la creación de contenidos.

Si lleváramos el argumento de Casciari un poco más allá, sin embargo, no deberíamos hablar de “escritores” o “locutores” o “presentadores” o “profesores” porque oye, eso es hacer una etiqueta de la persona sólo por el medio que usa. Casciari hace lo mismo que a él le disgusta que hagan: se denomina “escritor” porque escribe, igual que le podrían haber llamado “cuadernero” por escribir en cuadernos. A él no le gusta que le llamen bloguero, pero se denomina escritor.

Sin embargo, los blogs son un poco más que un medio normal: lo son porque, al contrario que los demás medios de comunicación que a Casciari no le molesta que se usen como etiqueta, la interacción con el público es más directa. Incluso en el teatro, donde el actor y el público están separados sólo por unos metros, el público como mucho aplaude (y no tienes forma de saber con qué motivo) o abuchea. Punto. Y no todo el público interviene, porque no tienen la capacidad, el medio no lo permite.

Si yo soy un escritor, lo único que puedo saber es si mi libro vende mucho o poco. No puedo conocer la opinión concreta de cualquiera de mis lectores, quizá de alguna persona, pero no con la sencillez e inmediatez de un blog. Eso es un cambio. No, no es una revolución, no va a desplazar ni destruir a otros medios (por ejemplo, la prensa) ni idioteces parecidas. Pero es un cambio, un cambio lo bastante importante como para que un tío que comunica al publicar libros sea un escritor, un tío que comunica pintando cuadros sea un pintor, y un tío que comunica en un blog (no en una web, ni en otros medios de Internet) sea un bloguero. Sobre todo cuando luego muchos blogueros de éxito van y te sacan un libro que es, fundamentalmente, un refrito de los posts que han escrito. Y a ti no te gustaría, Casciari, que se llamaran escritores. Después de todo, tú tienes un post hablando en contra del copiar y pegar que me gusta mucho, por la máxima que das: “Nunca hagas aquello que haría un abogado.” 😉

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