Todo es mejor con ninjas
Todo es mejor con ninjas

Rapun ha escrito algo que podría ser el inicio de una plastoserie sobre organización personal y productividad. Así lo espero al menos, porque es un tema en el que compartimos un gran interés, y que hemos explorado juntos. De modo que me he decidido a añadir un granito de arena. Espero no pisarte nada, cielo.

Yo creo que una de las cosas primordiales para alcanzar una buena organización personal es ponerse el cinturón negro en ninjutsu mental. Eso significa muchas cosas, ninguna de ellas relacionada con el ninjutsu, pero los ninjas molan, así que lo llamaremos así. El primer paso es ponerle un nombre que mole, para que sea más apetecible para nosotros. Eso y una foto con gracia y con ninjas. Vale, la foto no lleva cuernos, pero me gusta.

El ninjutsu mental implica, para mí, hacer más con menos. Y tenemos un problema muy serio con eso: menos implica coger menos cosas, y deshacerse de muchas que ya tenemos y que en realidad no valen ni para tomar por el culo.

Esto tiene una dificultad añadida para aquellos que estamos muy conectados a Internet: la facilidad con la que puedes acumular cosas es alucinante, y es sencillísimo dejarse llevar. Escuchas una canción por la radio y no te bajas esa canción: ya puestos te bajas la discografía completa. O la bibliografía completa de un autor. O su filmografía. Y llenas tarrinas y tarrinas de DVDs con toneladas de series, pelis, música y juegos que, simplemente, no tienes tiempo material de aprovechar. Tendemos a volvernos como las urracas. Toda esa ingente acumulación de cosas, aunque no parecen ocupar espacio físico, ocupan espacio mental. Para poder abordar cualquier mejora en nuestra productividad, debemos deshacernos de todo el lastre, de manera implacable. Como los ninjas: seguro que los ninjas no tienen sus celdas en su monasterio ninja llenas de cosas que no usan.

Por tanto, tenemos que abordar con un ojo muy crítico la totalidad de nuestras cosas y hacer una tremenda purga. Sin excusas. No sólo de nuestros objetos físicos, sino también de lo que tenemos en nuestros ordenadores. Por suerte, como contaba hace poco en alguna parte, Windows Vista me ayudó a lograr esto último al forzarme a reinstalarlo porque decidió dejar de funcionar. Tras lograr salvar las cosas realmente importantes con ayuda de Mario y MissPlaced, reinstalar el sistema se llevó por delante cuanto había en el disco duro, gracias a que dejé que Windows organizara las cosas en su carpeta Mis Documentos. Error de novato que no volveré a cometer tras esta iluminadora experiencia. Pero el caso es que se llevó por delante millones de cosas que tenía ahí desde julio o antes, y a las que muchas veces no le había hecho ni puto caso. Por ejemplo, no sé qué música he perdido: la verdad, si no te acuerdas ni de qué discos tenías es que esos discos no importan.

En todo caso, todo es todo: ropa que no nos ponemos por gordos o flacos, libros que no tenemos interés en releer y que nos dan igual, productos caducados de tocador, papeles que ya no tienen función, películas de VHS cuando ya hace años que tiramos el vídeo, mierdas que compramos “de recuerdo” y que nunca miramos, cualquier cosa que no usemos o no tenga un gran valor para nosotros.

Hemos desarrollado un sistema para deshacernos de las cosas que nos sobran: va lento pero seguro. Lo llamamos el Outbox, porque casi todo lo que leemos sobre el tema es en inglés, y porque somos unos pedorros de habas. El Outbox es una caja que hay a la entrada de nuestra casa, donde va todo aquello de lo que queremos deshacernos y que no va derecho a la basura. Ahora mismo hay un soporte para TV plana, varios libros, dos estuches, y varios CDs originales que he ripeado y que por tanto no hacen más que estorbar, así como otros CDs no originales. Cualquiera puede venir y llevarse esas cosas, bien de gratis o bien por un precio ridículo / absurdo / otros.

¿Suena bien? Pues hay una segunda parte: al cabo de 30 días, lo que siga en el Outbox, se va de casa. ¿Cómo? O bien a la puta basura, o bien a través de cosas como el book-crossing (o sea, dejar el libro en el metro con un postit para que alguien lo coja y lo lea, quizá le aproveche), o a reciclar, o a una tienda de compraventa / segunda mano. Eso da igual. Una vez las cosas entran ahí, tienen 30 días de vida. Por si acaso, hemos puesto una caja grande.

¿Y con qué criterios lleno yo el Outbox (los criterios de Nur son cosa de ella)? Para el próximo post.

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