Me voy a Granada en un rato, como en 2 ó 3 horas, pasando por Palma de Mallorca. Sí, no preguntéis: Palma de Mallorca. Llegaré allá como a las 18 horas. Se me acumulan las cosas sobre las que quiero escribir, pero voy a dejarme el portátil en casa esta vez, de modo que siguen en la recámara. Quizá la semana que viene.

He estado ocupado esta semana impartiendo un curso para una consultora para la que trabajo habitualmente desde hace un tiempo. Este es un curso piloto, que si sale bien podría hacer que esta consultora lograra una importantísima cuenta para un cliente del copón. Para ello vamos a echar toda la carne en el asador: es un curso internacional, de modo que me han cogido a mí y a otro formador, muy veterano, con una enorme experiencia tanto en formación como en el sector de nuestro cliente final (en el que yo no tengo tanta).

Tras visitar con el cliente final el hotel donde tendrá lugar la formación para verificar que todo esté OK, acordar con el otro formador por teléfono cómo nos coordinaremos (en esta primera edición él llevará más las riendas del curso para que yo vea de qué va, y le apoyaré en las dinámicas) y leerme el material, todo está listo.

Primer día de curso, primera hora de la mañana. El hotel no ha montado la mitad de las cosas que tenía que montar: bandera corporativa, blocs de notas, bolis, manuales. Lo tengo que montar yo, pero vale, son cosas del directo, y mi compañero está con el portátil, el cañón y esas cosas. La calefacción de la sala no funciona. Yo estoy resfriado desde el fin de semana, y tengo algo de fiebre.

Mi compañero resopla por lo bajini, y murmura “Bueno, vamos allá.” Y se arranca a dar el curso:

Gud monin, aiam veri plis tu… ehhh… bi jere… tu trein yu… an uiz de oder ticher jere…

Me cago en mi puta vida.

En un curso a gente de 6 países distintos, el formador que se supone que sabe mejor de qué va el curso no habla inglés. El observador que nuestro cliente final ha enviado para ver de qué va todo enarca una ceja. Noto que la cara me arde, quizá de la fiebre, quizá de la vergüenza ajena.

Me he pasado 3 días haciendo el trabajo de dos formadores: impartir y explicar el curso a los formadores que lo impartirán en sus respectivos países, y además tratar de tapar en lo posible a mi compañero, que con buena intención, se ponía en evidencia cada vez que abría la boca. Por ejemplo, si un asistente preguntaba una cosa, él contestaba algo que no tenía que ver porque no había entendido la pregunta. Y luego tenía que entrar yo en plan conciliador: “Creo que en realidad lo que Fulano pregunta es…” y contestar.

El propósito de dos formadores es permitir que alternen y descansen en lo que es un trabajo intenso, para mantener un alto nivel de energía y concentración todo el rato. El curso es realmente denso. Nada de eso para mí. Y yo resfriado.

El curso ha sido un éxito. He recibido evaluaciones como “El mejor curso que he recibido en esta casa en 5 años.” “Imperator ha sido un formador dinámico, original y diferente.” “Imperator podría haber dado este curso él sólo.” Y esto estando enfermo. Estoy orgulloso por ello.

¿Sabéis lo que me da por el culo?

Este tipo cobrará mucho, mucho más que yo por este trabajo. Simplemente porque se supone que yo soy el más nuevo, y no he trabajado en ese sector antes de dedicarme a la formación. Al margen de que, directamente, no estaba capacitado para dar ese curso, y he sido yo el que lo ha dado. Y la consultora que nos contrata pillará aún más. Ese es el mundo de los servicios y los intermediarios.

El cliente final se ha dado cuenta. Tanto, que me han preguntado si soy plantilla de esa consultora o si trabajo por libre y puedo ser contratado por mi cuenta. Sólo por curiosidad, dijeron. Y que si piloto más idiomas además del inglés. Me tengo que poner en serio con eso, parece.

Me quedan otros dos cursos más en las dos próximas semanas, con este mismo tío. Claro, ahora que le han contratado, no le vamos a decir que no vale. De hecho, en la reunión postcurso, el hombre preguntó “Bueno, ¿vosotros veis que mi inglés is suficiente?” Los dos representantes del cliente final se quedan helados y por no faltar tiran de evasivas y bueno, ahí queda. El cliente lo sabe, pero va a pagar por los dos formadores aunque sólo vale uno. Luego, ya se verá.

Pero eso no importa. Ahora, me he ganado unos días en otro lugar, sin ordenador ni presiones. Pena es que Nur no venga conmigo. No te lo he dicho suficientes veces: gracias por todo en esta semana, nena. No habría llegado vivo sin ti. Bueno, y por todas las anteriores. Te quiero muchísimo.

Acaba el año, y el negocio ha ido bien. A pesar de la crisis, he crecido en torno a un 25% de ingreso neto sobre lo que ingresé el año pasado. Me he afianzado como el formador de primera elección para todos mis clientes, y como imprescindible para mantener algunas cuentas. A pesar de todos los follones y gastos de irme de una ciudad a otra, en lo laboral, ha sido un año bestial. Y en vista de eso, hay algunas cosas que reconsiderar. Creo que empieza a llegar el momento de mirar un poco más arriba. Ya se verá.

Hasta la semana que viene.

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