… establecido en Barcelona. O algo por el estilo.

Lo cierto es que la mayoría de mis cosas llegaron con retraso, y me las tuve que subir a casita con la inestimable ayuda del hermano de Nur: un palet enterito de cajas de 30 kgs cada una con libros y libros y libros y alguna cosa más. Algunas más han llegado puntuales (por ejemplo, el ordenador de sobremesa, que gracias a Mario e Ingrid quedó adecuadamente montado, puesto que los chicos de la tienda omitieron avisarme que me lo vendían sin disco duro, cosa que habría sido un detallazo conocer), y hay bastantes cosas más por comprar y/o ordenar. Bendito sea IKEA que hoy ha traído las estanterías que compramos para mis cosas puntualmente y sin problemas. Nur ha hecho un excepcional trabajo convirtiendo una habitación en despacho, pero aún quedan cosas por hacer, y las haremos juntos. Con algo de suerte, todo estará listo antes de partir hoy para Granada y de ahí a las TdN.

En realidad, con la vida laboral que llevo y he llevado, decir que estoy en un sitio es casi un exceso, o como se diría en inglés un overstatement. Pero para mí hay una diferencia fundamental en pensar que el modo por defecto de mis días y mis noches es al lado de ella, y no como algo excepcional. Habrá meses, probablemente, en que pase tanto tiempo en Barcelona como fuera, pero supone, psicológicamente hablando, una diferencia inmensa para mí. La noche del sábado fue la primera noche que he pasado en esta casa como mi casa, y no como un invitado. Desde entonces siento como si me hubieran quitado una vaca muerta colgando del cuello.

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Los sitios, al igual que las personas, tienen fechas de inicio y fecha de caducidad en la vida, como hablaba hace poco con el Capi. Y eso no tiene por qué ser malo, quizá al contrario. La otra noche cenaba con Maiko, Multimaníaco, y un personaje de Graná con quien hacía un puñado de tiempo que no me sentaba, al que llamaremos C0venant porque ese es el nick que usa (a no ser que me esté confundiendo, que mi memoria es alzheimerosa y falsa, ya se sabe cómo va el baile, y a lo mejor ese nick no existe o es el de una transexual libanesa a la que probablemente me tiré porque también sabemos cómo me las gasto yo). Y hablamos hasta que los chicos de Mohinder estaban sentados y aburridos, mirándonos con cara de “¿Queréis iros de una puta vez a dar la barrila a otro sitio, por Krishna y Vishnú?” Pero era difícil parar porque estábamos con la monstruosa tarea de Ponernos Al Día De Nuestras Vidas Y De Qué Pasó En Granada Mientras No Hemos Estado, a la vez que tratar de hacer entender a Multimaníaco el cúmulo de locura, monstruosidad y despropósitos que era aquello. Sin éxito, salvo que consideremos éxito hacer entender a alguien que el lugar del que venimos puede parecer, a ratos, una manicomio dirigido por los internos. Y no hablo de mi círculo más cercano, porque eso es (o era) otro cantar, y no era el objeto de conversación Algunos nos fuimos, otros se quedaron, y otros se fueron pero en realidad no se fueron nunca. y acabaron por volver. Yo me fui, y he cambiado mucho por haberme ido.

¿Por qué esto? Recientemente (léase como los últimos 12 meses) he tenido sorprendentes y dolorosas experiencias con algunos de mis amigos más cercanos de allí que, básicamente, han dejado de serlo. El proceso es largo, retorcido, y estúpido: lo más sorprendente es que, quizá,  al final, era simplemente lo que tenía que pasar. Sólo hubiera preferido, quizá, que hubiera sido de una manera diferente, pero estos procesos están influidos por numerosos factores externos al proceso e internos al proceso. Unos los controlas, otros no, y así son las cosas.

Granada es un lugar maravilloso, un sitio estupendo para vivir, y no ha dejado de ser mi ciudad favorita. Pero como le pasa a todos los sitios, especialmente a los pequeños, si no sales y coges perspectiva, te puedes acabar cociendo en tu propio jugo con una facilidad enorme. Y eso quiere decir que, para el que se va, deja de haber ese hueco que dejó. Quizá porque sales, y te das cuenta de que muchas de las personas que amaste ya no encajan contigo como antes, ni tú encajas con ellos. También te das cuenta de que, si no sales, acabas en los mismos bares, contando los mismos chistes y escuchando las mismas historias. Entonces, es el momento de dejar el escenario.

Perder amigos es duro, si no lo enfocas con una determinada perspectiva. Y es esta: los años compartidos con esas personas fueron maravillosos, su amistad enriquecedora y hermosa mientras duró, y la tonelada de recuerdos e historias que han enriquecido mi vida se quedan conmigo para los restos. Y se acabó, porque tocaba. Y como la vida da tantas vueltas, quién sabe si en unos meses o años volverá a ser el momento para nosotros, o no. De modo que centrémonos en lo bueno, que hubo mucho, y aceptemos lo menos agradable como una cosa más que pasa en la vida.

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Me marcho a las 14:30 rumbo a Granada, y de ahí a las Tierra de Nadie, y un par de días más de relax en Granada, para volver a arreglar algunas cosas a Madrid una semanita., más o menos Andaré desconectado, por ello, más o menos hasta el día 13 que recojo mi portátil nuevo (¿os he hablado ya de lo fantástico que es?) en Madrid. No descarto conectarme un poco por ahí, pero no es probable. Así que pasadlo muy bien, disfrutad mucho de lo que hagáis por ahí, y nos veremos a la vuelta.

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[EDIT] ÚLTIMA HORA (UUUUPS): Acabo de leer que Alexander Solzhenitsyn, autor de Archipiélago Gulag, ha muerto a la edad de 89 años, por lo que ha sobrevivido en 17 años al régimen totalitario al que se opuso toda su vida. Buen trabajo: Archipiélago es una obra estremecedora, y totalmente imprescindible.

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