Sobre las personas:

Es como con los dueños de los perros – contestó Solomon -. “Mi perro es incapaz de morder a nadie”, dicen. Hasta que un día se oyen a sí mismos afirmar: “Pues nunca lo había hecho antes.” – Al mirarme apreció mi entrecejo fruncido en su justa medida -. Eso significa que nadie conoce realmente a nadie. Persona o perro. No los conoce de verdad.

Sobre las malas situaciones:

No había muchas cosas buenas que decir de mi situación. Digamos que muy pocas. Pero la regla es que, después de cada enfrentamiento, ganado o perdido, piensas a ver cuánto puedes aprender.

Sobre la democracia:

Lo digo de verdad, Lang. Es un hombre contra muchos, derrotado por amplia mayoría. Eso es democracia.

Sobre el optimismo y buscar el lado divertido:

Porque, ¿qué significa decir que las cosas no van bien? ¿Comparado con qué? Puedes decir: comparado com cómo iban las cosas hace un par de horas, o hace un par de años atrás. Pero esa no es la cuestión. Si dos coches se lanzan a toda pastilla y sin frenos contra una pared de ladrillos y uno de ellos se empotra contra la pared unos segundos antes que el otro, no puedes dedicar esos segundos a decir que el segundo coche ha salido mejor librado que el primero.

La muerte y el desastre nos acosan cada segundo de nuestras vidas, dispuestos a pillarnos. La mayoría de las veces no lo consiguen. Miles de kilómetros de autopista sin un reventón de una rueda delantera. Centenares de virus que pasan por nuestros cuerpos sin matarnos. Montones de pianos que caen un minuto después de haber pasado, o aunque sea un mes, no significa nada.

Así que, si no tenemos intención de ponernos de rodillas y dar gracias cada vez que nos libramos de un desastre, no tiene sentido lamentarse cuando nos pilla. A nosotros o a cualquiera. Porque no lo comparamos con nada.

En cualquier caso, todos estamos muertos, o no hemos nacido, y todo esto no es más que un sueño.

Vale, ya está. Ése es el lado divertido.

– Hugh Laurie, Una noche de perros

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