Anoche estuve con Nur y una amiga en el concierto que Bon Jovi dio en BCN, con motivo de que ha sacado un disco u otro que suena más o menos como el resto. Merced a un complejo sistema de compraventa que Nur entiende y yo no, pagamos una entrada y fuimos los tres. O quizá nos colamos sin pagarlas. Bueno, el caso es que fuimos.

Yo no soy un devoto de los Bon Jovi pero tampoco me molestan en absoluto: es rock, después de todo, al menos cuando Jon Bon Jovi está en fase de descenso. Porque, como todos sabemos, los testículos de Bon Jovi son como el funicular del Montjuic, que suben y bajan según los ciclos, de modo que a ratos te toca unas cancioncillas rockeras muy majas e incluso algo cañeras (fase testículos llenando pantalón), y a ratos se arrastra por un lodazal de melaza y almíbar con una puta balada tras otra tras otra (fase testículos retraídos al abdomen). Este curioso fenómeno de los testículos de Jon le convierten, junto con Bryan Adams, en uno de los dos casos de hermafroditismo musical más importantes de la historia del rock, siendo a ratos un hombre, y a ratos Celine Dion.

En el concierto este fenómeno se vio claramente mostrado ante la incapacidad de Bon Jovi de tocar más de dos canciones rockeras seguidas (las conté) sin meter la balada obligatoria, sea tipo I (como Always, donde los diabéticos explotan y mueren entre dolores) o tipo II (un poco más rapidilla de modo que te crees que no es una balada, pero en realidad es una moñada de cojones igualmente, y ahora no me salen ejemplos). He de decir sin embargo que no se pasaron demasiado con el tema, y no fue doloroso. Hicieron una buena combinación de canciones dentro de que, en general, a un concierto de esta gente sabes perfectamente lo que vas a escuchar y lo que le interesa al personal que es, básicamente, canciones con 15 años de edad o más. Según nuestra acompañante, a la que llamaremos E., en este concierto sólo iban a tocar 5 canciones del disco nuevo. Por mí habrían podido tocarlo entero, y no me habría enterado porque, como dije antes, no las distingo.

Eso sí, estos tíos son unos profesionales de tomo y lomo: dieron dos horas y medio de concierto, sin paradas, y sonaron estupendamente bien. La voz de Jon sigue muy en forma, y todos los músicos son tíos competentes y que conocen su oficio. Fue muy agradable, y lo recomiendo sin reservas.

Y una cosa curiosa que ha traído la tecnología de los móviles y cámaras digitales: al llevar todo el mundo abajo sus móviles y cámaras listos para tirar fotos, parecía que el cielo estrellado estaba en el centro del estadio, y no arriba. Un cielo sometido a bombardeos, por los flashes continuos, pero un cielo. Una imagen curiosa, sin duda.

Anuncios