El sábado por la mañana estaba tranquilamente en casa, preparándome para salir. A eso de la 1 y pico de la tarde me llamó Nur para decirme que su madre había sido ingresada con una parada cardíaca. A las 14:30 me llamó de nuevo para decirme que había muerto en el hospital. A las 16:30 me monté en el AVE y a las 19:45 entraba por la puerta de su casa. Bendito sea el AVE: valga lo que valga, su precio está justificado.

El domingo pasó de prisa en el tanatorio. Estas cosas son una mierda nefasta: en mi opinión deberían ser más breves, y sacrificar el que venga hasta el último mono por hacerlo menos pesado para la familia. Es una rutina aplastante: cuentas la historia a los primeros, recibes pésames, lloras, te repones, llega la siguiente oleada, y a empezar otra vez.

Esta mañana a las 6 de la mañana suena el despertador, a las 7:30 el AVE en Sants, a las 10 en Atocha, a las 10:15 reunido en Delicias con un cliente, a las 11:30 sacando en Atocha los billetes para el viaje de mañana, a las 12 en los suecos, hasta las 20 más o menos.

Volveré a casa, sacaré algunas cosas y meteré otras en la maleta, y mañana a primera hora donde los suecos, a las 16 en Chamartín, a las 19:30 en Miranda de Ebro, (¿qué coño hay ahí, de todos modos?). El jueves acabo el curso, y me pego 9 horas y media hasta Barcelona, donde estaré trabajando hasta el día 6, que de nuevo madrugo con el sol y cojo un AVE para volver a Madrid… hasta el lunes por la tarde que volveré a salir para Barcelona, a currar más y a seguir estando con Nur, hasta el viernes 13, que vuelvo. Hay otro viaje el 23, por San Juan, pero eso es placer y no curro.

Si escribo poco por aquí, en parte será probablemente por esto. A ver si consigo hacer funcionar una VPN y puedo aprovechar más los ratos de viaje. Si no, pues nos vemos por ahí. No voy a guardar la maleta este mes.

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