Hoy a primera hora de la mañana he puesto mi nombre en el buzón, lo que ha sido una fortuna porque hoy han llegado las putas etiquetas identificativas de la declaración de IVA. Algo de retraso, pero no es tan grave. Poner el nombre en el buzón es, sin duda, importante.

Pero como uno es (a duras penas pero lo es) falible, he descubierto que en mi último pedido a Amazon he escrito mal la dirección nueva, o el sistema es idiota y ha mezclado mi dirección actual con la antigua (la de Rapun), con que la calle está bien, el número de portal es el de Rapun, y el piso y código postal es el mío. Espero que llamando a Correos se solucione, o si no pasarán meses hasta que Amazon me devuelva la pasta; que sé que lo hacen porque una vez Gorpik escribió mal la dirección, se inflaron de intentar enviarle el pedido y al no poder, le devolvieron la pasta.

Esta tarde he tenido una reunión con el tío que estoy tratando que se convierta en gerente en donde trabajo de gerente de RRHH. Lo primero que ha hecho ha sido preguntarme si me había dedicado mucho a un proceso súper urgente, para luego decirme “ya no lo quiero.” Del mejor rollo y con una sonrisa, pero eso es lo que hay. Será para bueno, al final. He echado cuentas y llego a objetivo de trabajo con los suecos, con esa empresa pública… y cierro bien el mes.

Y he matado al personaje de Fantine en la partida, después de que Jambrina nos diera la escena más divertida que hemos tenido en mucho tiempo. Gracias, campeón. Ya queda menos para el puente de Mayo, y esa es la barrera que marca, al menos ahora, el fin del pico de trabajo que ha sido abril.

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