Un poco pajero en estos tiempos, la verdadNo tengo mucho tiempo de escribir aquí, lo cual se agrava porque el portátil no estará listo y funcionando hasta mañana por la tarde, así que me apaño en un locutorio, cuando hay. Je, suena como a masturbación bloguera o algo así.

Sin un ordenador tan a mano (estos días estoy impartiendo bastantes cursos, con que tampoco toco un PC en la oficina), sin casi pisar mi casa entre viajes y más viajes (a final de mes habré pasado casi la mitad del mismo fuera de Madrid), tengo una extraña sensación de desconexión con lo que habitualmente suele ser mi vida, con la que apenas contacto en pequeños flashes de normalidad. Una suerte de extrañamiento vital, cuando miras al espejo tras la ducha y te devuelve la mirada un tipo ya no tan flaco, más lleno y fuerte de lo que solía ser, con una mirada que se te antoja extrañamente hambrienta, no se sabe muy bien de qué, en un escenario reflejado que no termina de volverse familiar, como si fuera un foto con un fondo intercambiable como las habitaciones de los hoteles, una fuerte sensación de provisionalidad. Sí, eres tú, lo bastante tú como para reconocerte sin género de duda. Pero con una capa apenas perceptible de despersonalización. Pasará, como todo. No es la primera vez. A final de este mes, probablemente, cuando escampe un poco y pueda respirar más. Mientras, me reclino hacia atrás y de una forma extraña me recreo en la sensación de mirarme en el espejo con la cara recién lavada, la barba goteando agua, y buscando ese deje de extravío para tratar de fijar la mirada y aclarar el paisaje.

Lo cierto es que no es el mono de escribir lo que me ha impulsado a abrir esta entrada. Sólo iba a comprobar el correo, para ver si Chorimorros me ha enviado el material de un curso que debo impartir jueves y viernes y que no he visto en mi vida. Por supuesto no hay nada, en su línea, igual que va en su línea decime que me lo mandaría el viernes (nyet) y luego que me lo mandaba esta tarde (nyet nyet). Pero tengo la sensación de que en parte eso le ocurre a otro, de modo que vuelvo al hilo.

No tengo mono de escribir aquí, en parte porque el PC es como otras muchas cosas que valoramos (tras el extrañamiento inicial, cuanto menos las tienes más te la suda y te das cuenta de que no era para tanto), y en parte porque escribo mucho y me da pereza reescribirlo aquí. He recuperado el escribir a mano, en cuadernos que para eso tengo una colección que crece y crece (cielo santo, qué adicto que soy a esas cosas), con un instrumento que nunca utilicé en mi vida y que me doy el lujo de descubrir ahora.

No, no es ese. ¿Cuenta esto como metáfora?

Llenar páginas y páginas (vale que son cuartillas y cuentan menos, pero son un montón) y no sentir ya ese calambre de la mano poco acostumbrada al ejercicio (mira mamá, otro símil sobre las pajillas). A decir verdad es una experiencia muy grata, pero tras tanto tiempo limitándome a aporrear teclados para escribir y tomar notas taquigráficas en sesiones clínicas, partidas y reuniones, pensaba que no volvería a disfrutarlo. El encontrarme con que mi letra me gusta mucho, como ese jersey viejo con el que estás más cómodo que con nada en la vida, pero que hacía mucho que no te ponías, quizá porque no era la época adecuada. Quizá mi letra sea de las pocas cosas que estos días no se me antojan algo menos reales, por más que la pluma la hace extraña y diferente.

Escribo aquí por un súbito impulso de volver a tierra conocida, a una actividad familiar para mí, algo que me ha ocupado mucho tiempo. Pero no obtengo lo que busco. En breve tengo que irme a la consulta, a atender una urgencia, y mi reflejo en la ventana sigue siendo casi – exactamente – pero – no – del – todo – yo. Pero tenía que intentarlo, aunque sólo fuera para constatar que esto no es lo que buscaba. Un poco como… otra metáfora sobre lo mismo.

Este domingo ví por primera vez formarse castillos de gente frente a la Sagrada Familia. Es muy impresionante. Me habría gustado colgar una foto, pero como siempre, la cámara es de otra persona y se me olvidó pedírselas a Nur. Por alguna razón, no dejo de darle vueltas a las dos imágenes mezcladas, catedral diseñada por un colgado, y niños subiendo a alturas peligrosas a lomos de otras personas que tiemblan por el esfuerzo. Se tiene que poder hacer algo con eso, y con una cita de la serie Doctor Who que he leído y que me impresionó mucho. ¿Un cuento, quizá? Tengo tantos cuadernos en blanco…

No es una queja, este post. Tengo una buena vida, y me gusta. Todos tenemos alguna vez una sensación de extrañamiento, y es necesario asumirla para mirar a tu alrededor hasta que las piezas encajan y la foto es nítida de nuevo. Eso es bueno, me gusta, no es malo ni hay de qué preocuparse.

Simplemente, de un tiempo a esta parte, me da pereza escribir aquí.

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