Así que esta se saca fácil, ¿no decías eso, Keller? Pues en la próxima clase lo veremos.

Las cosas van poco a poco y progresan a su ritmo. No sé a dónde progresan, navego por entre niebla y lluvia buscando una emisora que me sirva de guía, una voz que me llame a casa, pero no encuentro nada definido y voy a 200 km/h, y me llegan muchos retazos, cientos de canciones inconexos, salpicadas de estática, fragmentadas, una cacofonía de ruidos amorosos que me llaman de todas las direcciones, mientras la lluvia ametralla el parabrisas, incontenible y eterna, dejándome ver sólo un daguerrotipo de lo que hay en la carretera justo delante de mí, y apenas nada más, y la carretera es resbaladiza.

Aporreo el dial, frustrado con una radio que no me acompaña, que no me guía, que no me contesta más que en un maremágnum mezclado. Hasta que recuerdo, y aferro con fuerza el volante mientras apago de un manotazo el dial.

La radio que busco está dentro de mi cabeza. Y ahí está el camino a casa. Acelero, cantando a gritos, mientras la lluvia convierte el parabrisas en un mosaico viviente.

PS: Y me cago en Hacienda. Dos veces.

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