Hala, a mamarla. Mi día ayer se transformó como Jekyll en Hyde, y mi calendario se transformó.

Me espera un mes de abril que tiemblo sólo de mirar el calendario. De hecho, mi mes de abril empieza este fin de semana con la mudanza, sigue con un curso sorpresa en Mérida (el primero de la serie), volver, currar con los suecos, irme de nuevo dos días después a Mérida a otro puto curso, volver, currar más con los suecos, una semana sin viajes (salvo que los suecos me pongan el viaje a BCN ahí), curso en Madrid, acomodar entre medias a los pacientes nuevos, que no sé cómo cojones ni cuándo voy a reservar despacho para verlos o qué si con los antiguos ya lo tengo apretujado, mientras hago malabares para cuidar del Barbián que se muda conmigo y sigue malito, el pobre, menos mal que a mi compañera de piso le gustan los gatos. Y hay más gente que vaga por la periferia de la visión y que me insinúa si podría querer más trabajo.

Hala, ya me he quejado. A seguir con la historia adelante.

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