La Beba duerme plácida sobre mi futón. Hace un rato que Oto ha dejado de maúllar en la puerta. Tengo sangre y cortes en toda la mano derecha, producto del estrés postraumático de la Beba al oler al Oto, y eso que Oto es literalmente inofensivo y se ha dejado pegar por ella, por Dios santo.

Ahora duerme. Mañana más.

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