Ayer me hice mi primer tatuaje. Ha sido una experiencia curiosa y nada desagradable. La peor molestia es después, y como mucho es similar a la sensación de haber tomado el sol un poco más de la cuenta. Aunque el tatuaje es mediano, el chico que me lo hizo fue encantador y tardó poco menos de una hora. Los dos primeros días es un poco coñazo, porque además de lavarlo cada 5 horas y dar una pomada para que cicatrice antes, hay que cubrirlo con un poco de film plástico (como el de envolver bocadillos), pero eso pasará pronto. Ahora ni está inflamado, sólo un poco enrojecido. En conjunto, ha sido muy muy bueno. Estoy muy contento. Va a ser verdad lo que dicen, que en cuanto te haces el primero ya no puedes parar. Bueno, no es que tenga la compulsión inmediata, pero ya he tenido una idea para el siguiente. 😛 No creo que acabe como el Hombre Ilustrado del cuento de Bradbury, pero oye, nunca se sabe 🙂

§

Anoche hubo que llevar al Barbián al veterinario, porque tiene un problema de orina, el pobre. Casi no me hizo sangre para meterlo en el transportín. Esperamos que no sea grave, pero hay que recoger muestras de orina para el veterinario. Rapun se lo tomó en serio y esta mañana ya las tenía, y de sobra. El mes que viene, a mi vuelta de Londres, trasladaremos a la Beba al nuevo Palacio Imperial. Espero que vaya bien. Los gatos no llevan bien los traslados, y la Beba especialmente. Por suerte, Otto (el gato que vive en casa) es muy, muy amable y está acostumbrado a otros gatos.

§

Tengo una puntilla a la altura del riñón. No es como para decir que es puñalada. No es inesperada, si lo piensas. Lo que es, es innecesaria, tío. Era muy innecesaria.

Anuncios