Esto es un no parar.

Mañana me voy a Granada. Es un blitz, claro, me vuelvo el domingo tempranito. Entre medias, hemos arrancado el proyecto con la empresa sueca que me cogió para ser su responsable de RRHH, y hemos arrancado fuerte. Mientras tenga disponibilidad, voy a echar más horas de las que tenía pensadas, lo cuál es más pasta. Rapun me comentó que Adif cuenta con nosotros y, gracias a la nueva Ley de Contratos Públicos, es muy probable que eso signifique un poco más de currelo y un mucho más de pasta. Y hay otros proyectos que hormiguean por ahí y que hay que atender.

Entre la semana que viene he de sacar tiempo para legalizar de nuevo mi estatus de autónomo, hacerme un tatuaje (ya tengo la cita), preparar un viaje a Londres que empieza el domingo y dura hasta el viernes siguiente, currar con los suecos e inventar desde cero propuestas para problemas nunca planteados, con una libertad como no he tenido hasta ahora, asistir a un curso sobre creatividad al que me acaban de invitar, atender a mis pacientes, hacer cosas en casa… Uau.

§

Puedo postear aquí sin problema, pero parece que mi portátil no quiere que escriba aquí. Por eso, en parte, he tardado tanto. Y he tenido poco tiempo, claro, no ha sido por falta de cosas que contar. Pero lo del portátil es un marrón que quiero solucionar. No tengo claro cómo.

§

Las cosas en el piso van bien, muy bien. Estos días no he coincidido mucho con el Pelúo (mi compañero, aka Ishariel en la web) ni con Cordobita (mi compañera, sin más aka), pero el trato es bueno, todos hacemos nuestra parte y cuando coincidimos es siempre de buen rollo. A veces tengo una fuerte sensación de extrañeza al estar ahí, pero irá pasando con el tiempo (o no, pero me ocuparé de eso cuando llegue a ello, si llego). Estamos buscando fechas para hacer una fiesta inaugural del piso, pero es difícil por las agendas y eso. Alérgicos a los gatos, cuidado.

§

La terapia es un proceso más reflejo de lo que puede parecer. A menudo, en el terapeuta se produce un proceso similar al que se da en el paciente, incluyendo los estados emocionales. Uno de los momentos clave es el momento de la devolución de hipótesis. Es el momento en el que, acabadas las sesiones de evaluación, cuando ya tienes toda la información que consideras necesaria, le explicas al paciente qué le pasa, por qué, y qué podéis hacer al respecto.

Para el paciente es un momento clave, muchas veces un momento de alivio. En primer lugar, a menudo el diagnóstico es mucho menos grave de lo que cree, no se está volviendo loco. Además, lo que le pasa a él, si es un problema tipificado en la DSM-IV, deja de ser algo misterioso para ser algo que le ocurre a más gente, que es manejable, que no es algo desconocido.

Además, es un alivio porque, a menudo, el paciente tiene mejor idea de lo que le pasa y por qué de lo que pensaba. No hay tantas sorpresas desagradables, pero al mismo tiempo es una suerte de revelación para él o ella. Esa sensación crea un fuerte vínculo con el terapeuta, una enorme sensación de ser comprendido, de que alguien ha puesto en palabras cosas que sabes pero no encontrabas forma o no te atrevías a expresar.

Pero para el terapeuta es una prueba, también. Es el momento en el que tú te expones al paciente y muestras tu valía. Es el filo de la navaja que determina si tienes al paciente o lo pierdes. Es el momento en el que, honradamente, una vez has expuesto al paciente el camino que tiene por delante, debes dejarle elegir con libertad si sigue o no adelante, y estar preparado para que te digan que no, que no quieren.

Del mismo modo, los triunfos del paciente son tuyos, en parte. Sus recaídas y momentos oscuros son tus sombras. Es una sensación extraña, embriagadora, el percibir que apoyas a alguien y su vida puede llegar a ser mejor por ello. Es realmente extraño y terrible, quizá es lo que impulsa a gurúes, iluminados y mesías.

Quizá somos terapeutas porque queremos ser como Jesucristo o Buda, o algo así. Quizá lo hacemos porque queremos que, cuando no estamos ahí, las personas que tratamos piensen en cómo las ayudamos a cambiar su vida.

Es un extraño acto de honradez y de exponerte ante el mundo el decir en voz alta, en una tribuna pública, que en el fondo, es probable que eligiera mi profesión y algunos de mis hobbies más vitales porque quería la sensación de ser como un mesías. Me pregunto si eso puede impactar mi capacidad para ayudar a la gente. Es una pregunta que todos los que hacemos esto debemos cuestionarnos.

§

Anda, la sueca jefa nos ha dejado bombones por San Valentín. No me acordaba. Qué casualidades tiene la vida 😀

Anuncios