Wilfredo Pareto fue un matemático e ingeniero italiano que vivió de 1848 a 1923. En 1906 hizo una observación: el 80% de la riqueza de Italia estaba en manos del 20% de la población del país. Esto le llamó la atención y realizó estudios similares en otros muchos ámbitos, y desde ahí llegó a generalizar esta observación a la ley de Pareto: el 80% de los efectos viene del 20% de las causas.

O sea: el 80% de tus ingresos viene del 20% de tus clientes. El 80% de tus resultados académicos viene del 20% del tiempo que nominalmente dedicas a estudiar (para muchos, el 20% está el día antes del examen). El 80% de los recursos de un ordenador son usados por el 20% de las aplicaciones que utiliza este. El 80% de tu tiempo lo pasas con el 20% de la gente que aprecias, y muy probablemente el 80% de tu bienestar también. Y así.

Mirando a mi propia vida, encuentro aplicaciones de eso mismo. El 80% del tiempo juego a un 20% de los juegos (rol, tablero, consola) que tengo, por ejemplo. El 80% del tiempo escucho el mismo 20% de la música que tengo. No sé si esa regla se aplica a los libros, pero es verdad que releo mucho los libros que me gustan.

Ojo, esto es una idea general, no necesariamente una cosa inflexible. La distribución podría ser 80-10 u 80-30, o 60-40. Los números no han de sumar 100. Lo importante es que para cualquier fenómeno, la enorme mayoría de los resultados provienen de un subconjunto muy pequeño de los factores causales.

La filosofía de Pareto se aplica en control de calidad, programación, logística, y muchas cosas más. Yo pensaba hablar de eso en un contexto más amplio. O más estrecho, depende.

El 80% de lo que te pasa tiene que ver con el 20% de lo que haces. El 80% de tus neuras tiene que ver con un 20% de las posibles causas.

Esto tiene una interesante aplicación práctica, que esbozaba el autor Tim Ferriss en su libro La Semana Laboral de 4 horas (que yo sepa, no está traducido). Venía a decir que si aplicabas este principio rigurosamente en tu vida, detectando en cada ámbito ese 20% altamente productivo, podías ignorar el 80% que no te aportaba casi nada y tener más tiempo para ti y para las cosas que te aportan. Pero ignorarlo, cortarlo de raíz.

Es una cosa de la que me doy cuenta con la mudanza en ciernes, y con el retorno al freelanceo puro la semana que viene. Podría deshacerme del 80% de mis cosas y no pasaría nada. En realidad, no dejaría de ser una pequeña molestia en potencia, el que me hiciera falta algo y no lo tuviera, y lo superaría sin problema. El 80% de mis libros. El 80% de mis juegos de rol (¡gasp!). El 80% de la ropa. Estas cosas facilitarían mucho la mudanza, si lo hubiera pensado antes. 😛

Pero ve más allá. En el trabajo, mirando mi facturación, esta ley se cumple muy en serio. Y eso te lleva a preguntarte si invertir el mismo tiempo en todos tus clientes es deseable, cuando el 80% de los ingresos vienen de ese 20% de clientes a los que podrías atender dedicando poco tiempo. La respuesta es que no, la verdad.

Las implicaciones son bastante aterradoras, por su novedad. Dejo al lector avispado que las desarrolle en los comentarios, si quiere. O no. Allá cada cuál.

Anuncios