Hay un tipo, que me cae bastante mal, que es Juan Manuel de Prada. Me cae bastante mal porque, entre otra razones, yo creo que representa la quintaesencia del cultureta, que es un arquetipo que llevo muy mal y que me cae muy pero que muy gordo. Me parece repelente, pretencioso, relamido y cargante.

No sigo los desvaríos de este tipo, porque me parece un orate, y además de eso, un pesado (o sea, que no es ni divertido leer sus majaronadas). Pero por indirectos caminos por la Red, me ha llegado esta perla que ha abortado (y nunca mejor dicho, dada la temática del artículo). Aquí el amigo se mete con las participantes en una manifestación de proabortistas, llamándolas (según calificativo de otro idiota, presidente de E-Cristians) “pocas y viejas,” que es un insulto de agudo ingenio quevedesco y para nada parecido a una burla de patio de colegio. Joder, Juanma, no tuvieron que darte hostias de pequeño en el cole por repelente.

Pero es que luego el amigo Juanmi da el salto y nos obliga a meditar “sobre la fealdad moral de las tesis que defienden, pues de la otra ya dejan constancia las fotografías.” ¿Qué pasa Juanmi, que si fueran muchas y macizas habría que hacerles caso? ¿Crees quizá que la gente fea es moralmente defectuosa? Porque entonces a ti habría que encarcelarte directamente, con ese jeto que tienes. ¿O, más probablemente, la explicación es que eres un poco tonto?

Después de esto, Juanmi nos larga una argumentación sobre cómo en realidad prohibiendo el aborto estamos dando a las mujeres más libertad de elegir, porque por lo visto, si una mujer en una situación que le hace imposible sostener a su criatura, no está eligiendo con libertad. Las circunstancias eligen por ella. Claro que sí, Juanmi, claro que sí. Malvadas circunstancias. Es mejor prohibir a la gente cosas para que esas feas circunstancias no asomen su jeta. O el libre albedrío. Hay que proteger a la gente de sus decisiones, Juanmi. Menos mal que estás tú aquí, con otros prohombres, para defendernos. Con tu fluida prosa y tu verbo fácil. Y tu jeta, que habla a las claras de tu catadura moral, claro, como tu bien dices. Debes tener la catadura moral de un kilo de bacon, viéndote esos mofletes.

Y a continuación, llega el golpe de gracia, que casi me hace escupir el zumo. El amigo Juanmi compara a las proabortistas con el culto a Moloch, en Cartago, que arrojaba a niños a un horno en honor a su dios. “…un culto demoníaco a Moloch que aspira a destruir lo que en el hombre hay de intrínsecamente humano.” Y por supuesto, los antiabortistas de Juanmi son las águilas de Roma, que gallardamente triunfarán cuando la batalla parece perdida. Ahí. Con un par. Porque Roma siempre tuvo una clara posición antiabortista, y además lucho contra Cartago para salvar a los niños. Y porque los caratgineses tenían armas de destrucción masiva.

Al principio del artículo, Juanmi explica la figura retórica llamada reticencia o aposiopesis, en la que “dejamos incompleta una frase dando, sin embargo, a entender lo que se calla.” A mí me parece un recurso de menguado, de meapilas políticamente correcto sin testículos para decir lo que quiere.

Pero voy a hacer un intento de aposiopesis por eso de cultivar mi retórica: “Juanma, eres un estúpido y cargante montón de bacon en forma de proyecto fallido de escritor.”

Nada, que no me sale. No todos podemos ser como Juanma.

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