Es que lo tienes delante

– “Anda, tonta, anímate.”

– “Que no, déjame, nadie comprende mi dolor.”

– “Pero mira, si te he traído una cosa para animarte.”

– “¿No entiendes lo terrible que es lo que me ha pasado? Sólo quiero meterme en un agujero y no salir. Nunca.”

El calvo tira el pescado, o se lo da a otro más listo. 

Es muy normal que las cosas que parecen grandes nos absorban hasta el punto de perder de vista las pequeñas. Pequeñas cosas que pueden ser grandes.

Lo grande o pequeño de algo es exclusivamente cuestión del que lo contempla. Y a veces nos ponemos a llorar mucho por un pequeño contratiempo, y no vemos el pedazo de pastel que tenemos justo al lado de nosotros. Eso sí que es para llorar.

La única forma de evitar esto es estar en el aquí y el ahora. Estar concentrado sólo en el aquí y ahora, en lo que hacemos y en lo que experimentamos. Si me voy a la playa y me dedico a pensar en la avalancha de mierda que me espera en el curro me perderé estar en la playa (aunque me queme al sol y me bañe en el mar). Y cuando vuelva al curro desearé estar de vuelta en la playa. Siempre añorando, nunca disfrutando. Sólo de llorar y de llorar. Acabas convirtiéndote en un emo. Qué asco.

En la foto vemos un perfecto ejemplo de esto: el paciente obviamente está tan centrado en su mundo interior que se pierde la oportunidad que el exterior le proporciona. Yo diagnosticaría a este paciente como fuertemente sesgado en su percepción del mundo, y excesivamente centrado en lo negativo. Yo he sido esa morsa/ león marino/ foca/ lo que sea (no lo distingo). No os equivoquéis así. Vivid el momento y agradecedlo.

De modo que mil gracias, Rapun, por el pescado.

PS: Por supuesto, esta foto también podría leerse de otro modo.

– “¿Puedo abrir los ojos ya? ¿Puedo? ¿Puedo?”

– “Claro, ¡feliz cumpleaños!”

Como dije, cuestión de perspectiva.

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