El despertador del móvil suena, y me despierto sobresaltado. ¿Qué coño pasa? ¿Qué hora es? Silencio a toda pastilla el móvil y miro la hora. Las 6 de  la mañana. Mi cerebro atontado por el sueño se pelea con el número del reloj. ¿Tengo que ir a trabajar? Algo no está bien con esa idea. Miro a mi derecha, pero Rapun duerme profundamente. Por alguna razón eso es bueno.

Me despejo un poco, dentro de la cama aún. Y entonces me acuerdo. No, hoy no tengo que ir a trabajar.

Me levanto con todo cuidado, tratando de no despertar a Rapun y de no destaparla. Casi a cuatro patas atravieso el futón, tratando de no pisarla. Tropiezo con algo peludo que me muerde un pie y me araña, contengo un quejido, el gato (no sé cuál) se aparta indignado por mi torpeza, pero no bufa ni hace ruido. Cabrón. O cabrona. Tanteando con las manos sorteo sin pisar las piernas de Rapun, casi me estrello contra el armario y llego a la puerta del dormitorio.

Abro con todo cuidado y salgo al pasillo. Mecagoendiosyenlaputavirgenquefríohace. Claro, en la habitación pusimos el calefactor. El suelo está helado y yo duermo en calzoncillos, así que me estoy quedando tieso. Cierro la puerta tras de mi y avanzo por el pasillo sin encender luces que puedan delatarme. Tuerzo a la derecha y llego hasta la entrada. Tanteo mi abrigo, en el bolsillo interior está lo que busco. Vuelvo sobre mis pasos y le pego una patada sin querer a algo peludo que trataba de meterse entre mis piernas. Ahora te jodes.

Entro en el comedor, con la vista algo más acostumbrada a la penumbra. Tengo los pies como Frigodedos. Mierda. Cierro la puerta del comedor y avanzo hacia el despacho, tropiezo con el radiador y veo las estrellas. Entro en el puto despacho y cierro la puerta. Ahora sí, enciendo la luz.

Coloco con cuidado el paquete contra el monitor del PC, y me quedo mirándolo. Qué desangelado. A falta de otra idea (y a las 6 de la mañana no tengo de eso) cojo un post-it, escribo algo rápido y lo pego en el monitor con una flechita señalando el paquete. Bueno, hará el apaño.

Salgo del despacho y apago la luz. Desando el camino, muy alerta a los posibles gatos. Ahora es como si en vez de 2 tuviéramos 15, y todos quisieran decirme algo. Entro con cuidado en el dormitorio, y escucho. Ella sigue dormida. Bien. Me meto con cuidado bajo el nórdico y tirito como un epiléptico un ratito, hasta que me duermo.

Ahora sé lo que sienten los putos Reyes Magos.

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