Acabo de colgar el teléfono con una sueca de una empresa multinacional de IT que buscan un experto en RRHH que les lleve, de modo freelance, el crecimiento y expansión de su empresa en España. La pava me ha llamado desde Estocolmo para comprobar mi nivel de inglés y lo cómodo que me podía sentir hablando con alguien en el extranjero, porque el proyecto implicaría un tanto de eso.

Me la he comido con patatas, va a pasarle mi contacto al director de la filial española (otro sueco) para que me entreviste y acordemos condiciones y tal. Me parece penoso que hablar inglés marque una diferencia tan enorme, porque esta chica me ha dicho que hasta ahora la mayoría de candidatos han pinchado en esa parte. Hablar por teléfono. He pasado el primer paso, vamos por el siguiente.

§

Estoy tan agotado que cometo errores estúpidos. Me he quedado dormido. He llegado 40 minutos tarde a currar. Podía ser peor, desde luego, pero es que ha pasado lo siguiente: por alguna razón, debo haber desconectado el despertador del móvil y se me ha olvidado ponerlo. No ha sonado. Por fortuna, una pava ha llamado al móvil a las 7:20 porque se había equivocado de número, y me ha despertado. Eso ya ha sido un fallo, pero es que he visto perfectamente la hora que era y no me he dado cuenta de que tenía que estar levantado desde una hora antes, que esa era la hora de salir. Y ese ha sido el 2º fallo. Me he vuelto a tumbar, pero ya estaba inquieto y no podía dormir. Pensaba que faltaban 10 minutos para que sonara el despertador, creyendo que sonaría a y media y que eran y 20. Al rato he mirado el reloj, y he visto que eran las 7:55, y yo entro a las 8. 
Este es un error pequeño, pero hay más. Hay muchos más, pequeñas cosas. Ayer concerté la primera entrevista con una paciente. Se me olvidó apuntarlo. Si no llega a ser por lo de hoy, a lo mejor llega el martes y se me olvida que tengo cita. En el trayecto del bus al trabajo he perdido un marcapáginas recuerdo del Oceanográfico de Valencia, al que le tenía cariño. Probablemente lo he dejado en el bus.
Ha llegado la hora de echar el freno.
Anuncios