“Imperator, no se pueden decir esas cosas que dices sobre la religión, las instituciones religiosas, la gente que afirma creer…”

“Imperator, joder, es que te pasas.”

“Claro, pero es que luego sale alguna excepción que no es relevante y te cebas con ello.”

“Los andaluces sois unos exagerados” (no, en serio).

Sí, claro. Lo que digáis.

El obispo: el abuso a menores se produce debido a que hay niños que lo consienten

“Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y además, deseándolo, incluso si te descuidas te provocan“, declaró el obispo.

Claro. Y tú ves un adolescente de 13 años y no puedes contenerte. Lo entendemos todos. Esa es la clase de afirmación que da mucho empaque moral a la hora de decirle a los demás lo que tienen que hacer. Demuestra un férreo control de los impulsos pecadores y eso.

Después de recalcar que respeta a los homosexuales, Álvarez se destapó afirmando que “la homosexualidad es algo que perjudica a las personas y a la sociedad, a la larga pagaremos las consecuencias, como las han pagado otras civilizaciones”.

Este párrafo es simplemente impagable. Pero está muy bien: yo podré empezar diciendo que “respeto a las personas religiosas, pero la religión es una enfermedad mental que perjudica a las personas y la sociedad, a la larga pagaremos las consecuencias, como las han pagado otras civilizaciones.” Y será superguay, porque lo ha dicho un obispo. Además de que es como un millón de veces más cierto, oye.

Para finalizar, el obispo tinerfeño hizo alarde de sus conocimientos sexuales. “No hay que confundir la homosexualidad como necesidad existencial de una persona, con la que es practicada como vicio, la que lo hace así es como practicar el abuso de menores, lo hace porque le atrae la novedad, una forma de sexualidad distinta”, declaró.

Aaaahh… la necesidad existencial de uno. Eso lo podrían haber argumentado los curillas de Boston que le levantaban la falda a los monaguillos y tal. Claro. Que era una necesidad existencial, no como vicio. Eso es cubrirse las espaldas brillantemente, cura. Para cuando te pillen con la mano dentro de la ropa de alguien. Y no, dentro de la tuya tampoco vale, que pelársela es malo.

Lo sorprendente es que este soplapollas no es un párroco de 94 años de algún poblacho remoto y perdido donde la civilización se paró justo antes de la desamortización de Mendizábal, y que todavía cree que el diablo agria la leche de las vacas o algo así. Estas declaraciones seguirían siendo ridículas y erróneas, pero comprensibles. Lo tremendo es que este soplapollas es un cargo con responsabilidades y un representante de la institución religiosa más grande de este país, un supuesto modelo y guía para millones y millones de personas. Se supone que para ellos, lo que este majadero dice tiene autoridad. Que sabe de lo que habla. Y si vosotros le dais autoridad a este aborto,…¿cómo esperar que una persona mínimamente formada o con una brizna de sentido común no se ría de vosotros?

Pero claro:

De actor porno gay a sacerdote convencido

La Iglesia ha sobrevivido todos estos años a base de mostrar una flexibilidad paralela a la de los orificios de un actor o actriz porno de alto nivel, y una idéntica buena disposición a comerse lo que haga falta de quien haga falta. A la Iglesia le cabe de todo, por todos los sitios. No deja de ser adecuado que un actor porno entre en la institución. Y ojo, el tipo es mucho, mucho más coherente y articulado que el obispo de Tenerife. Probablemente por eso no llegará a los niveles más altos de la Curia, claro. Bueno, a no ser que algún jerarca con ciertas “necesidades existenciales” lo acoja bajo su sotana… digo su ala. Que sería algo inaudito y sin precedente alguno. Palabrita del niño Jesús.

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