Hace mucho frío.

Uau, Imperator, breaking news, sin duda. Nadie se habrá dado cuenta.

Cállate.

Hace mucho frío, y todo desacelera, todo se para. En casa, llevo un jersey de carne más o menos perenne. Los gatos se suben encima de mí a cada paso, ronronean, maúllan, quieren regazo y brazos. Rapun está empezando con otra gripe, anoche empezó con los síntomas, está friolera y más tierna, se abraza todo el rato y está calentita. Me parece bien que lo haga. El pelo le huele como a naranjas, y me gusta. Creo que es el champú del IKEA que se compró. O el gel. Es un bote con un agujero en la base para colgarlo de algún clavo marca Plökk o algo así, que seguro que tienen por ahí pensado expresamente para eso.

Tratamos de concentrar nuestra vida en una sola habitación, en la que está el calefactor. Los gatos nos siguen a donde vamos. Es un oasis de calor y luz en un piso cerrado y a oscuras. Es acogedor, y me gusta.

Todo se desacelera, todo se para. Rapun va dejando la sobrecarga de trabajo, poco a poco, conforme más cosas paran por las fiestas. Ahora vuelve a tener fines de semana, hasta enero al menos. El cole cerrará en breve hasta después de Reyes. Nos veremos más y mejor, al menos hasta que aceleremos otra vez.

Nochebuena se acerca. Este año parece que mi hermano no podrá llegar. Mi madre está algo triste por eso. Rapun cenará en la Nochebuena con su madre y su abuela, lo cual me alegra por ellas. Más allá de Navidad el horizonte es simplemente un horizonte de probabilidades, con una fecha (el 1 de febrero) como la frontera con lo que no conozco.

Ayer estuve en una entrevista con el socio de una consultora de creatividad, que busca colaboradores para ejecutar sus programas de formación. Este tipo no llevaba corbata ni traje, y el final de la entrevista lo hicimos andando hacia el Metro, para que él pudiera recoger a sus críos en el cole. Llevaba una mochila enorme y la sujetaba por las dos asas, como lo hacen los niños. Me contó qué era su empresa y de dónde venían, y me sentí como hablando con el Capi. Me gustaría que colaboráramos. Me gustó ese hombre. Pero eso será en enero. Cuando volvamos a acelerar.

Tengo que preparar cosas para el año que viene, para reenganchar de nuevo cuando salga de la agencia y me reincorpore a ser freelance, pero no quiero. Me ilusiona (Rapun y yo tenemos una idea para hacer juntos) pero ahora no quiero. Quiero arrebujarme con Rapun en el sofá o en la cama, con café caliente y los gatos en lo alto, y mirar cómo fuera, al otro lado del cristal, hace frío, pero donde estoy yo se está caliente. Y oler a naranjas.

No será mucho lo que dure la calma, claro. Pasarán las vacaciones y llegará de nuevo la tormenta. Si miro a lo lejos, veo las nubes negras, que se acumulan, esperando. El último empujón hasta la frontera. El cruce será tormentoso, y después la primavera. Pero eso será más adelante.

Ahora soy como la nave que sale del hiperespacio, de viajar más rápido que la luz, y se para en un lugar vacío, entre las estrellas, sin nada ni nadie cerca en el frío infinito. Lee su posición entre las galaxias, traza un rumbo nuevo, pero disfruta del momento de paz antes de volver a encender los impulsores y desaparecer en un borrón de color y un destello de luz.

To boldly go…

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