Vía la web de David Bravo me entero de estas inquietantes cosas:

Según parece a nuestro actual Gobierno le parece muy bien gastarse nuestro dinero en campañas comerciales para la industria discográfica, cinematográfica y similar. Todo eso a pesar de que:

Como usted bien sabe la última encuesta del CIS revela que los españoles piensan, además que sus campañas no valen para nada, que el intercambio de obras a través de Internet es algo positivo. La conclusión que ha de extraerse de esto no es que han de aumentar la presión concienciadora sino que, más bien, han de respetar que existe un punto de vista divergente que, tal vez, ha de ser debatido.

Pero claro, eso da igual. ¿Qué es la opinión de la gente a la que dicen representar en comparación con la de unos mamones que lo único que quieren es forrarse llevándoselo muerto? Nada, por supuesto. Noe s que esto sea una novedad.

Por supuesto, el primer frente de ataque son los niños:

La memoria de 2006 de la Comisión Intersectorial para Actuar Contra las Actividades Vulneradoras de la Propiedad Intelectual, comisión ésta adscrita a su ministerio, manifiesta que sus campañas tienen como objetivo principal a los más jóvenes y, lo que es más preocupante, se extiende a los “centros docentes”, por lo que incluye a niños.

Eso, eso. A lavarle el coco a los nenes y convencerles de que compartir la cultura sin que los intermediarios se forren te convierte en un sucio criminal, que financia (como decía ese adalid de la cultura que es Bustamante) el terrorismo internacional, la trata de blancas y sabe Dios qué cosas más. A losniños hay que dejarles claro quela cultura es para el que se la puede pagar, no sea que accedan a ella las masas sin lavar. Claro, seguro que si la piratería acabara y la gente dejara de compartir archivos, las discográficas bajarían los precios. Seguro.

Pero esto no se para ahí.

Todos sabemos el efecto que produce la repetición del mismo mensaje de forma insistente. Es la lección número uno de la propaganda y no me extrañaría que, aunque mi postura en estos momentos es la que es, pueda que mañana, por culpa de sus reiterativas consignas, termine manifestándome con los ejecutivos desempleados para defender los intereses de la misma industria que me llama ladrón. La verdad, no me gustaría. Toda idea, por estúpida e inútil que sea, si se repite un número adecuado de veces puede convencer a cualquiera de que se trata de algo imprescindible en su vida.

Esto es lo que más me jode. Ya han conseguido que llamemos a compartir archivos piratería como si fuera igual que venderlos en la manta. Hay mucha gente que piensa que realmente es un delito, porque no han leído la Ley de Propiedad Intelectual, y no saben que la difusión de cultura sin ánimo de lucro no es delito.

En la anteriormente referida memoria de 2006 dicen que su campaña “Defiende tu Cultura” tiene “el fin de propiciar un cambio de actitudes mediante la interiorización de ese mensaje” y, más adelante, sin pelos en la lengua, dicen que “se trata de un mensaje que debe mantenerse durante largo tiempo para que pueda ser interiorizado por los ciudadanos” y que “el Plan de medios de la campaña tenía como objetivo llegar al mayor número de personas un número de veces adecuado para que calara el mensaje”.

Qué bonito. Qué claro lo tienen, y qué poco se molestan en disimularlo. Pero es que fijaros hasta dónde llegan estos tipejos:

“Destaca asimismo un novedoso plan de comunicación que, junto a las acciones habituales en medios de comunicación (…) se abre a nuevas posibilidades de difusión de la campaña. Entre estas destacan la “guionización” en series de éxito o la presentación de programas con menciones específicas sobre el tema de la campaña, diversas propuestas para el día de la propiedad intelectual así como acciones concretas en espacios vinculados a la explotación de contenidos: bibliotecas, universidades y telecentros”.

Al parecer en la serie El Comisario, según, nuevamente, la memoria de 2006, ya se ha incluido este tipo de mensajes.

Ahí, con un par. Gastando el dinero de todos en promocionar una industria cuyo modelo de negocio es obsoleto, para que gentuza asquerosa se pueda seguir pagando el yate. Y meternos anuncios escondidos en series de TV (como si faltaran motivos para no ver una sola serie de aquí). Conociéndolos además, el mensaje será probablemente tan ramplón y torpe que los niños de 3 años habrán vomitado al verlo.

Y si no hay bastante, mirad esto:

Estaría feo que tengan que avisar de que nos están metiendo publicidad pero que no deban hacer lo mismo cuando lo que nos están vendiendo no es un concreto producto sino la idea general de comprarlos en lugar de descargarlos de Internet y todo ello porque sus vendedores no tienen ni idea de cómo ganar dinero en el siglo XXI. Me asusta también que la época escogida para sus campañas sean las de navidades, la época por excelencia del consumo. Cualquier mal pensado podría decir que están ustedes gastando nuestro dinero en hacer publicidad gratuita de los productos de las compañías discográficas, cinematográficas y editoriales. Qué otra cosa puede pensarse si se tiene en cuenta que sus campañas emitidas a través de televisión, cine e incluso en el metro finalizaron todas, casualmente, el día 5 de Enero, víspera de reyes. Y, por si quedaba alguna duda de la intención, ustedes mismos reconocen que esas emisiones se hicieron “coincidiendo con momentos de compra de regalos”.

Es que hay que ser cabrón. Agradezco la honestidad de reflejar en una memoria todos estos manejos, eso sí. Pero me da por el culo de mala manera a un nivel esencial. No quiero que el dinero público se vaya a hacer publicidad gratuita de ninguna industria privada. No me sale de la polla.

Vivan los gobiernos progresistas y sus políticas sociales para proteger la cultura, de modo que permanezca apartada de la chusma que no puede pagarla.

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