Rapun y yo hemos estado en Madeira. Algunas cuestiones generales antes del detalle:

  • Los portugueses son, en general, encantadores. El idioma es (lógicamente) fácil de entender para nosotros, lo cual ayuda. Todo el mundo fue muy amable con nosotros, todo el tiempo.
  • Los precios son baratos, a pesar de ser una zona turística.
  • El clima es, sin excepción, genial. Sólo algo de fresco al anochecer si estás en el interior.
  • Llevad una guía, alquilad un coche, y pasad de las excursiones. Os alegraréis.
  • No tengáis prisa.

31.10.07

No mucho que contar del viaje. El aeropuerto de Oporto es muy bonito. El Airbus A320 es un avión cómodo. Nos recogió un señor con un cartelito con el nombre de la agencia, y es la primera vez que nos pasaba que alguien fuera a recogernos. Luego nos metió en una furgoneta con otro grupo de gente, y nos llevó a toda velocidad de noche por sinuosas carreteras de un sólo carril en cada sentido, y a través de un casco urbano con cuestas de más de 45º. Aterrizamos en el hotel. Algo viejo, pero funcional. Hay una botella de vino en la habitación. El agua del grifo es buena. Je.

01.11.07

Bajamos a desayunar. El desayuno es de bufete, pasable, con una excepción: el café. Lo diré de modo sencillo: no os acerquéis a ese café si no estáis en la inmediata necesidad de cagar un objeto del tamaño de un ladrillo, o superior. Punto. En los días sucesivos descubrimos que el café es razonable en los demás lugares, y sabemos que el agua es buena, por tanto la única explicación que hallamos es que en ese hotel untan los filtros del café con mierda. Además de eso, advertimos que el hotel está lleno de viejunos. Only. Somos los más jóvenes del hotel, de largo.

La chica de la agencia que viene a vendernos diferentes servicios es muy maja, y lo explica todo muy bien. Pasamos de sus ofertas y, viendo que otro grupo alquila un coche, decidimos alquilar uno pequeñito nosotros. En 20 minutos nos lo traen, y comienza un hermoso idilio entre el Fiat Panda Azul y Rapun, que se prolongará hasta el domingo cuando nos vamos del hotel, con Rapun echando una lagrimilla por la comisura. En serio. Todo empezó porque, al salir a recoger el coche, el otro grupo dijo “Es mucho más bonito que el nuestro.” Y Rapun empezó a sonreír como si el coche lo hubiera ensamblado ella. Y no dejó de sonreír hasta el domingo. Los que la hayáis visto con su coche os podéis imaginar el cuadro. Al menos no intentó que durmiera con nosotros. O llevárselo a bucear.

Armados con un mapa de carreteras de la isla que tiene exactamente la misma utilidad que el pito del Papa (pista: escasa), nos montamos en nuestro Panda azul y nos dirigimos a un lugar llamado Curral das Freiras (Corral de las Monjas), porque en esta fecha y no otra se celebra la Fiesta de la Castaña, que es exactamente lo que parece por el nombre. Dado que es sólo este día del año, decidimos ir a verlo. Además, la guía dice que el paisaje es muy bonito.

El sitio recibe su nombre porque unas monjas montaron un convento allí en 1566, en un sitio de tan difícil acceso que los piratas que atacaban la costa no se molestarían en ir hasta allí a violarlas. Apuesto a que debían ser muy feas. El caso es que hasta los años 50 no había carretera hasta allí. El lugar está en el interior del cráter del volcán que formó la isla. Han construido un moderno túnel que, cuando llegamos, estaba petado de coches: 2500 metros de atasco. Decidimos dar una oportunidad a la antigua y sin duda pintoresca carretera que llega hasta allí, porque hasta ahora nos hemos desenvuelto bien. Sólo hemos pasado algunos momentos de terror cuando los autobuses en dirección contraria invadian nuestro carril. Poca cosa.

La vieja y pintoresca carretera está cortada por desprendimientos de rocas. Eso después de un buen rato de subir por ese camino de cabras. Pero bueno, hay un mirador muy bonito, así que hacemos lo que se hace en ese mirador: mirar.

Para aquellos que juegan al WoW: hemos estado en el cráter de Un’Goro. Ja. A joderse. Para los que no: el pueblo está en el centro de un cráter abierto por un lado, donde sale un río. El cráter está, en su mayor parte, cubierto de vegetación, y la zona superior semioculta por nubes bajas. Corta la respiración de bonito que es. Vemos muchos puntitos moverse y se oye música. Son puntitos porque estamos a 500 mts por encima del pueblo Vemos que hay una senda que baja, de modo que empezamos a bajar ¿Nos animamos a bajar? Vamos a empezar a ver. Conforme vamos bajando, vemos que la caminata es más seria de lo que parece. Rapun lleva un calzado adecuado, yo no. Al final decido que damos la vuelta: menos mal, porque resulta que la caminata es una hora y quince minutos de bajada, y echar los pulmones en la subida. Rapun se mete conmigo por (a) no ir preparado aunque ella me avisó y (b) ser una nenaza. Mantengo el tipo airosamente y consigo que lo deje recordándole que su Lindo Cochecito Azul se queda solito arriba. Más o menos funciona. Más o menos.

Volvemos al túnel y aguantamos el atasco estoicamente. El atasco dura hasta que hemos cruzado el pueblo a paso de tortuga, buscando donde aparcar. Aparcamos dentro de otro túnel, abajo del pueblo. Salimos del coche casi andando por el techo, y empezamos a buscar comida y bebida.

Queridos, os presento la espetada, típico plato madeirense que me despierta espasmos de lujuria sólo con recordarlo: una rama de laurel de la altura aproximada de Rapun, en la que se ensartan trozos de ternera como los puños de mi chica. Te dan el pincho, y tú lo haces al gusto en algunos de los fuegos de por allí. Comienzo a babear sólo de ver la preparación. A pesar de ser una fiesta, el precio es insultantemente barato. Un señor muy amable (Luis) me explica que estoy usando ‘mucha candela’ y me enseña a hacerlo apropiadamente. No es fácil cocinar un pincho del tamaño de una pértiga, pero ahí voy, ejerciendo de Hombre Masculino en Barbacoa. Mi chica me trae una birra y estoy totalmente en mi papel. También pilla un pan que hacen ahí que está riquísimo. Nos comemos la espetada. Nos tenemos que sentar. Luis nos cuenta que él es de allí, de toda la vida, pero que se fue a Venezuela y volvió a Madeira hace poco. Deja una hija allí. Su hijo toca el acordeón en la banda que anima la fiesta. Se parecen mucho, y él está orgulloso. Nos despedimos y vamos a gusanear, porque Rapun quiere probar las cosas hechas con castañas (esa zona produce el 80% de la producción de castañas de la isla). Nos vamos a un puesto donde sirven ginja (una especie de patxaran) en el que echan cerezas que deben llevar como 500 años empapando en orujo. La ginja está buena, pero las cerezas dan un puñetazo que te cagas. Rapun y yo empezamos a estar contentos, lo cual es bestial teniendo en cuenta que Rapun va a conducir por esas carreteras de montaña tan estrechas. Conocemos a Xosé Carlos, que es el jefe de la obra de la escuela que están construyendo, y que lleva un tiempo destinado ahí. Nos cuenta sobre sus hijos, su vida, y qué tal están las cosas en Portugal. Es amistoso y encantador, lo cual es más o menos la tendencia aquí. Bebemos más. ¿Qué es eso? ¿Vino seco? Claro que queremos probarlo. Nos ponen castañas en la mano por la cara. Están indecentemente buenas. Luego vamos a un bar a ver si tomamos café. Nos dan licor de castaña a un precio ridículo, probamos una tarta de manzana que te cagas, y nos invitan a maracuyá para que veamos lo que es bueno. Tienen razón: no tenemos ni puta idea.

Nos damos algunas vueltas más, a ver si se nos pasa el pedo: conseguimos probar la sopa de castañas y tomarnos un café. Anochece y empieza a refrescar. La fiesta sigue. Sorprendentemente, no es el evento lleno de turistas, por y para los turistas que esperábamos. Hay turistas, pero somos una clara minoría. Nos gusta mucho el sitio.

Volvemos a Funchal, y nos llegamos al club de buceo para ver si podemos reservar algo. Nos atiende una alemana gorda y encantadora que se ríe por todo a carcajadas. Volvemos al hotel a echar una siesta. Nos dan las 11 de la noche. Salimos a dar una vuelta y nos volvemos a acostar, tras descubrir que aquí todos tienen horario europeo y que no vas a cenar en ningún sitio más tarde de las 22. Nunca. Pero estamos muy contentos. Todo ha sido precioso hasta ahora, y empezamos a creer que ha sido una idea estupenda venir.

Más en breve….

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