Gracias, gatito mío, por decidir que ya íbamos necesitando un nuevo reproductor de MP3, porque éste ya tenía 4 años y se hacía viejo. Gracias por ayudarme a tomar una decisión que no habría tomado nunca porque oye, me gustaba ese reproductor y quizá nunca me hubiera desprendido de él en el camino a la liberación del peso de lo mundano. Quizá otro día quieras liberarnos de otras ataduras como la PS2 o la TV. Y gracias por ayudarme a construir una calma gélida día tras día, hasta que mi autocontrol sea una roca de titanio indestructible ante la cual las vicisitudes de la vida se estrellen fútilmente.

Porque si no te he estrangulado después de tirar por 2ª vez el reproductor y, esta vez sí, cargártelo del todo, tengo el autocontrol del puto Dalai Lama.

Dios creó a los gatos para probar a los fieles – Proverbio Fremen

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