La otra noche estuve con Rapun y su amigo y colega E., de cervezas por Lavapiés. Y uno de los temas que salió es nuestro modo de vida. Especialmente en el caso de E., que va a ser padre dentro de poco.

No tenemos hipoteca. Ahora mismo, ni siquiera sabemos si tenemos coche, porque Rapun está pendiente de que el mecánico de toda la vida le diga si el Troncomóvil pasará la ITV o no. No tenemos, como tantos españoles, pagos pendientes ni letras. Yo estoy pensando en anular la tarjeta de crédito que me regaló el banco, por falta de uso en general, y porque no me acostumbro a recibir un palo a fin de mes, las pocas veces que la he usado. Pero una persona me aconsejó – sensatamente -, que por 30 €/año me podía sacar de algún apuro, amén de que hay sitios donde para comprar o reservar te la piden. Pero por demás, no estoy endeudado ni entrampado.

Pero a nuestro alrededor, las cosas son diferentes. La otra mañana una compañera y yo hablábamos de cine, y me decía algo como:

– A mí me gusta mucho el cine. Antes, cuando tenía dinero, iba 2 ó 3 veces a la semana.

– ¿Cuando tenías dinero? ¿Hipoteca?

– Sí, hijo, sí. Me la han subido casi 400 € el año pasado.

– …

Tengo una enorme sensación de libertad, de no tener ataduras. Ahora espero con una pizca de sádica satisfacción a que todo esto reviente, a ver en qué para esto.

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