La reacción lógica ante el horror definitivo: huir disparandoPuede que para muchos de mis lectores esta entrada no signifique nada porque va de juegos: así es la vida.

Anoche Rapun y yo probamos uno de mis regalos de cumpleaños, concretamente una expansión para el juego de mesa Arkham Horror, llamada La Maldición del Faraón Negro. Este es un juego que se ha convertido en mi favorito en este año, y me han caído dos expansiones más, la anterior y otra (El Horror de Dunwich) que Rapunzell me regaló el otro día porque ella es así de estupenda.

Al lío: hemos jugado un montón a Arkham Horror, y lo cierto es que ganamos casi siempre. El juego es cooperativo: todos los jugadores tratan de evitar que un Primigenio (una especie de dios chungo) se manifieste en la ciudad y la destruya. Para ello deben cerrar las puertas dimensionales que van apareciendo por la ciudad, y matar a los bichos que salen de ellas si es posible. O ganan todos, o pierden todos. Habitualmente jugamos de 4 a 8 jugadores, y creo que hemos perdido sólo 1 ó 2 veces. Las expansiones vienen bien para aumentar la dificultad del juego, y por eso nos interesaba pillarlas.

Y de verdad que la aumenta: esta expansión “sólo” trae un montón de cartas que usar junto con las que trae el juego, o en sustitución de las que trae el juego. Como queríamos probar el máximo número de características nuevas, sustituimos las cartas del juego base por las de la expansión, y como no era cosa de acabar muy tarde, sólo cogimos un persPonte en pompa, que te va a encantar…onaje cada uno. A pesar de que las instrucciones advierten que la sustitución aumenta especialmente la dificultad del juego.

Mal hecho. Muy mal hecho.

El Primigenio resultó ser Ithaqua, el Wendigo, y el mensaje que nos transmitió la expansión tras esta partida de prueba fue “Meted la cabeza entre las rodillas y dadle un beso de despedida a vuestros culos.” La partida más corta que he jugado a este juego: 2 horas escasas. El Wendigo se acabó manifestando, peleamos contra él, y nos partió la cara malamente. Conseguimos hacer un papel digno, pero poco más (para aquellos que entienden el juego, cuando apareció el Wendigo habíamos sellado 2 puertas, pero teníamos 4 ó 5 abiertas y las calles rebosantes de bichos). Cada uno de los encuentros era una agonía (“Tira Suerte, si tienes éxito, te ataca un monstruo; si fallas te atacan 2”), los hechizos y nuevos sucesos eran muy interesantes, y la verdad es que se vuelve endiablado.

Ha sido una partida estupenda. Es bueno que un juego que crees dominado pueda sorprenderte de repente con un producto tan bien acabado y con tantos giros interesantes. Bien es cierto que creo que los diseñadores deben ser verdaderos cultistas de Cthulhu y los Primigenios. Putos psicópatas.

Y en cuanto podamos, a probar la expansión que me regaló mi churri. La cosa pinta fascinante: en Boardgamegeek.com (que es algo así como el Shangri – La de los juegos de mesa, y gracias a Athe por descubrírmelo) la gente está comentando que desde que se pillaron las expansiones no ganan una partida si no es sudando sangre. Así que por 50 € que vale el juego (las expansiones varían en precio) es una joya que os recomiendo sin reservas.

Otro día seguiremos hablando de juegos. Yo voy a recargar mi escopeta, desempolvar mis libros de los Mitos (aunque me cueste la cordura), y  volveré a Arkham a ajustarle las cuentas a esos cabrones en cuanto tenga ocasión.

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