Anoche Rapun y yo vimos Tener y no tener, una peli clásica de Humprey Bogart y Lauren Bacall. Le doy un 8. Mientras la veíamos hablaba con Rapunzell sobre por qué me gusta tanto el cine clásico. Os lo cuento ahora.

La duración de las películas se ha ido incrementando, pero no veo que se cuente realmente más historia. Hace poco vimos La Jungla 4.0, y dura más de 2 horas. Es una historia simplona, sin sorpresas y sin grandes desarrollos. Esta peli de Bogart cuenta una historia más compleja, y lo hace en 104′.

Me gusta el cine clásico porque dice lo que tiene que decir y hace lo que tiene que hacer con una economía exquisita de medios. Los diálogos son concisos y al corazón del tema. Las escenas no se alargan innecesariamente. El ritmo está bien llevado, ya que la película no podía durar demasiado. Y las chicas…

Voy a hacerte un hombreMe gustan mucho las tías de las pelis de cine clásico. Sobre todo porque parecen tías de verdad. Tías con chicha por todos lados, caras armoniosas sin deformar por el colágeno y los bisturíes, y sobre todo, personalidad. Será cuestión de que vi mucho de este cine cuando era pequeño, pero es un tipo de tía que se ve poco (Pérez – Reverte escribió hace poco sobre ese tipo de mujer). Me encanta cuando Lauren Bacall mira a Humphrey Bogart con los ojos medio entornados, y le dice con esa voz ronca “Déjame una cerilla.” Porque claro, ella fuma. Y no se trata de que a mí me guste el tabaco. Se trata de que la moda de ahora de no poder sacar un personaje fumando en una película me parece el colmo de la censura disfrazada de corrección política. Mucha sangre, mucha teta y culo, pero eso sí, no saquemos a un señor fumando no sea que los niños se deformen. Salvo que el fumador sea malo, claro. O un terrorista. No se nos quejen los fumadores.

Esto no es, tampoco, un rollo de “Cualquier tiempo pasado fue mejor.” Las cosas cambian, y el cine también, y es bueno, creo. Me gusta que un cineasta pueda plantearse un chorizo como El Señor de los Anillos, y que le den luz verde. Me gusta la creatividad que se encuentra fuera de los grandes estudios, y en algunos cineastas (e.g., Clint Eastwood) que tienen entidad suficiente para hacer lo que les sale de la polla le guste a quien le guste. Me gusta que no haya censores como en los años 40 y 50.

Sin embargo, es bueno ver estas películas y recordar que había otra forma de hacer cine hace un tiempo, que tenía muchas cosas buenas. Acordarse de por qué Casablanca sigue poniéndome los pelos de punta cada vez que la veo. De por qué un enano como Humphrey Bogart podía pretender ser duro y que te lo creyeras. Y acordarse del encanto de un cine en blanco y negro en el que, cada vez que la cámara hacía un primer plano, las chicas parecen tener un halo brillante a su alrededor.

Las cosas cambian mucho para al final quedarse como estaban. Y si no os lo creéis, de muestra un botón:

La Tierra degenera estos días. El soborno y la corrupción abundan.
Los niños ya no respetan a sus padres, todo hombre quiere escribir un libro,
y es evidente que el fin del mundo se acerca rápidamente.
– Tableta Asiria de Piedra, 2800 a. C.

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