Esta entrada tenía que haberse publicado antes de irme de vacaciones, como el 3 de agosto. Las cosas del directo y eso.

Ya está. Con fecha 22 de agosto empiezo en ese ayuntamiento mi primer proyecto en la administración pública. Por consejo del que será mi jefe, la fecha de incorporación oficial es el 3, y disfruto del tirón los 16 días de vacaciones que me corresponden. De ese modo, a partir de la semana que viene estoy cobrando y cotizando otra vez. Una experiencia que no recordaba, las vacaciones pagadas.

Me han presentado a mi futura compañera, que parece bastante maja, y ha colaborado antes con ese ayuntamiento. Y abierta es un rato largo: después de terminar con el jefe, nos hemos tomado un café para ir conociéndonos un poco y me ha puesto al día de que es lesbiana, tiene una niña y se acaba de venir con su pareja de Jerez, si bien ella es de esa ciudad de toda la vida y… La primera impresión es buena. Veremos.

Se respira bastante buen ambiente por ahí, si bien es difícil decirlo con la mitad de la peña de vacaciones. Nuestro jefe parece un tipo tranquilo y sensato, extremadamente educado, y no ha hecho ninguna igorada en la entrevista. El proyecto es muy ambicioso para sólo 6 meses (cualquiera de sus 7 partes podría ocupar ese tiempo), pero el jefe lo deja como hilos para posibles prórrogas del proyecto, si va bien. No me voy a quejar. De hecho, hay cosas en ese proyecto que no se han intentado nunca en la administración pública de Madrid, lo que tiene más gracia.

Es un salto al vacío importante. Ahora he de dejar proyectos que ya tenía cerrados para septiembre en adelante, y suplirlos (aunque sé cómo en el caso más importante, gracias a Rapun). Y no sabes si esos clientes estarán ahí cuando acaben los 6 meses. Me he acostumbrado a la forma de vida que llevaba, y ahora tener horario (por cojonudo que sea) es extraño. Pero meter la cabeza en la administración pública merece la pena, y además tendré tiempo para la Escuela de Idiomas y el Master de Psicología Clínica que quiero hacer en la Complutense, si es que me admiten. Que debería ser que sí.

En otro orden de cosas, y tras mucho retraso y mucho pelearlo, Igor ha pagado la factura que me debía. Se ha escurrido de pagarme una parte de la misma gracias al contrato que me hicieron, pero eso ya lo aceptaba. Por fin puedo dar por zanjado este asunto, con todo lo que ello implica para mi tranquilidad de espíritu. Y que te vayan dando bien, Igor. Pero bien.

Más cosas: las vacaciones muy bien, gracias. Celebré mi cumpleaños con Rapun buceando en La Herradura, y lo conseguimos a pesar de que la industria turística granadina, creada y dirigida por deficientes mentales, hizo cuanto pudo por impedirlo. Según parece, si tienes una localidad que, aparte del turismo playero no es más que un mojón, lo mejor es conectar el puerto deportivo con el pueblo mediante un bus que pasa cada 2 putas horas. Brillante, Sparky. De todos modos fue un día maravilloso, lo pasé genial y me quedé con ganas de más. 31 tacos ya. A celebrarlo.

Después de eso estuve de jornadas de rol aquí. Salvo por el detalle importante de que Rapun no estuvo y la eché de menos en muchísimos momentos, han sido las mejores, probablemente, en las que he participado. Gracias a la gente que ha hecho así, vosotros sabéis sin duda quiénes sois. Eso sí, hubo quien trató de que no me acordase de Rapun, como por ejemplo, el que se empeñó en proporcionarnos anécdotas de compañero de habitación psicópata a Moriarty y a mí. 😛

Mi sueño erótico

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dos días en Granada para decidir cosas importantes y descansar de las TdN, cerrar puertas y abrir otras. De vuelta en Madrid con regalos para mi niña y para recibir regalos de ella. Porque, entre otros, tengo una guitarra inalámbrica para el Guitar Hero gracias a que mi chica es la mejor. De calle. Y vaya si se nota la diferencia, chicos. Moriarty, puedes venir a tratar de darme una lección a casa cuando quieras 🙂

Me queda una semana de descanso para reorganizarme y preparar todo. Si todo sale como debe, va a ser un curso cargadito, al menos hasta febrero. Y luego, bueno, luego ya se verá.

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