¿Quieres tu puto documento?

No soy un tío violento, en realidad. Puedo ser muy agresivo verbalmente, pero la violencia es algo que respeto y que no me va: soy consciente de los riesgos.

 

Pero quiero matar a todos los funcionarios que encuentre. A todos. Salvo a los del ayuntamiento de esa ciudad madrileña donde empezaré a trabajar en breve. Por la pasta y tal. Pero el resto, ejecutados.

 

Después de una mañana perdida en trámites que, en total, no han superado los 30 minutos entre todos ellos juntos, puedo afirmar que los funcionarios de carrera son, en su mayoría, la escoria más grande que ha pisado la Tierra. Y espero que un día existan los Terminators, para que uno de ellos viaje en el tiempo a la sede de Hacienda en la calle Montalbán 6, y repita el número de la comisaría de la primera peli de Terminator, y se repelle hasta el último de esos parásitos de mierda. Y a sus familias.

Mañana a firmar el contrato, y a la vuelta de vacaciones, una nueva experiencia. Pero de pensar que antes del contrato me faltan dos cosillas por completar, se me pone el pelo de punta.

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