No parar

 

He vuelto de Granada. Ayer. Mañana me voy a Barcelona. Entre medias, me siguen llamando para entrevistas y posibles proyectos.

 

¿Es que la gente no tiene vacaciones?

 

De modo que alargo un poco mi estancia en Barcelona, del 11 al 17, porque voy a auditar un hotel por allí. Que es trabajo pero no lo es, y me va a pagar la parte del viaje que es de placer. Luego tenemos algo más de dos semanas de calma antes de volver a hacer maletas.

 

Por otro lado, la nevera tuvo un breve acceso de resurrección cuando vino el técnico y nos sopló 200 pavos por arreglarla. El gozo nos ha durado un rato, porque la nevera dejó de funcionar de nuevo. Así que llamamos para que el técnico se volviera a pasar, especificando que en vez de a la madre de Rapun (que nos llevó el tema mientras estábamos fuera) nos llamaran a nosotros. Y nos dijeron que el técnico llamaba en breve. Eso fue a las 10 de la mañana o por ahí. Rapun ha llamado 5 veces al servicio, especificando en cada llamada a qué número de teléfono tenía que llamar el técnico.

 

El técnico ha contactado con nosotros justo ahora mientras escribo esto. Como cabía esperar, el encargado de pasarle el aviso omitió el detalle del número de teléfono al que llamar. El técnico se ha hartado de llamar a casa de la mamá de Rapun (donde está la encantadora abuela de Rapun, que oye bastante poco) y al móvil de la madre de Rapun (que está currando y no lo tiene disponible). Encantador. Pero al menos viene esta tarde.

 

Eso sí, gracias a Internet tenemos un nuevo y encantador término para describir a la gente así: unos pagafantas. Muchos ya lo conoceréis. Da igual.

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