Superman se lleva lo suyo.

A  un lado Superman, el héroe más poderoso que ha existido, indestructible, dotado de los dones de un dios, inmortal. Al otro Batman, viejo, agotado y con cicatrices, un hombre que supera la media en todo, pero un hombre al fin. En El Retorno del Señor de la Noche, Batman le pega una soba a Superman que lo pone mirando a Cuenca, mientras le recalca estas palabras (más o menos):

Recuerda cada vez que te mires al espejo, que esta sangre tuya la ha derramado un simple hombre.

Porque Superman no puede creerlo cuando ve su sangre derramarse por una hemorragia nasal. Porque esas cosas no le pasan a él. Hasta que le pasan.

Batman es el triunfo de la voluntad y la fuerza humana frente a circunstancias insuperables. Aún obsesionado, con lados oscuros e incluso dudas sobre su cordura, su voluntad y su determinación son lo mejor que podemos ofrecer como especie. Por eso me gusta tanto. Porque es lo mejor que tenemos.

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