Uf, ufLas pelotas de mierda en la vida de uno se van formando despacito despacito, de forma que a menudo no te enteras hasta que, cual hacendoso escarabajo pelotero, te das cuenta de que la pelota es ya tan grande que se mueve a duras penas, mientras la llevas en el último tramo hasta el sitio donde la quieres enterrar para aparearte con tu churri escarabajita. Es ese momento en el que el escarabajo se desgañita empujando con sus patitas, para darse cuenta de que va cuesta arriba y que la pelota de mierda está a punto de pasarle por encima.

 

Pero luego, si el escarabajo es cabezón y hace fuerza, quizá el terreno cambia, la cuesta arriba se acaba, y de repente ¡hostias! la pelota de mierda se esfuma, y el escarabajo se asoma a la cima de la cuesta viendo como su pelotita corre cuesta abajo, deshaciéndose conforme coge velocidad. Ahora el escarabajo puede deprimirse y lamentarse de la crueldad de este mundo indiferente, puede ponerse a recolectar otra pelota de mierda o, como hacen a menudo, buscar un escarabajo que tenga su pelota propia para tenderle una emboscada y quitársela (los escarabajos son unos gañanes). No importa, porque la utilidad del escarabajo como ejemplo se acaba aquí.

No existen las cuestas arriba sin las cuestas abajo. Es una cuestión de persistencia. Las dificultades y los problemas son parte inevitable de ser humano y de estar vivo. Lo que te hace inteligente no es tu capacidad para resolver problemas: lo que te hace inteligente es tu capacidad para seguir funcionando y ser feliz, al margen de si los problemas se resuelven o no. Y de seguir empujando tu pelotita de mierda.

Porque si bien las pelotas de mierda se forman despacio y cogen masa sin que te des cuenta, cuando llega el momento de resolverlas parece que se resuelven de un tirón, y cuanta más mierda quitas más fácil es quitar mierda. Por eso hay que seguir empujando, para pegar la patada al final de la cuesta arriba y decirle adiós a la bola de mierda con el dedo corazón, mientras la ves correr cuesta abajo y desintegrarse.

Que es el lugar en donde estoy ahora, por fin. Desde febrero hasta ahora, ha sido una cuesta arriba más y más empinada, en todos los campos. Pero ahí he seguido, empujando mi creciente pelota de mierda, a veces con ayuda, a veces yo solito, y a veces pensando que la cuesta arriba era demasiado empinada y que a la bola le podía dar por echar marcha atrás y pasarme por encima. Hasta que de repente me he encontrado pateando el aire, y me he asomado para ver la pelota de mierda rodando cuesta abajo y desintegrándose a toda pastilla. Ahora me despido de ella. Adiós, y que te den.

Una semana. Una sola semana.

Nota: Pese a que hay pocas cosas en el mundo que me interesen menos que la F1 (o cualquier otra carrera de coches), ayer probé el Fórmula Dé y me moló. He formado equipo con beor, y vamos a competir en un torneo que ha montado Athe. Ganaremos con toda seguridad, porque nuestro equipo es de color rojo (Ferrari, creo), y el rojo corre más.

Viernes musical: Esta es mi canción favorita de la semana, del grupo New Order. New Order son un grupo con una historia curiosa. Eran Joy Division en los 80, un grupo de música post – punk tirando a gótica, hasta que su cantante, Ian Curtis, decidió ser fiel a las letras y el espíritu de sus canciones y se ahorcó en su cocina. Entonces se convirtieron en New Order, y les ha ido muy bien mezclando música electrónica y rock. La canción se llama Crystal, de su álbum de 2001 Get Ready. Obviamente, los críos que salen en el vídeo no son los New Order.

 

 

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