El triunfo definitivo

Parece que hemos mandado a los parguelas estos a Eurovisión en esta edición. Se llaman D’Nash o Nash. No, yo tampoco lo entiendo.

Miradlos bien.

Miradlos detenidamente. Si podéis.

Ahora contestadme a la pregunta que os voy a hacer. Bueno, es más de una pregunta. Quizá queráis poneros algo de beber, para estar más relajados. Aseguráos de tener tiempo de reflexionar.

¿Ya? ¿Estáis preparados? Mira que son dos preguntas.

Pregunta 1: Sin haber escuchado la canción de estos sujetos nunca (llamada I love you mi vida, porque somos un país europeo y el espanglish triunfa donde va), ¿de verdad alguien creía que esta concentración de cromosomas de sobra iba a ganar algo, aunque fuese una subvención por minusvalía?

Pregunta 2: ¿Por qué, si bien todos ellos merecen una terapia de bates de béisbol con vidrios rotos, el de arriba a la derecha parece que me hable, y me pida que le golpee la nuez con un mazo picapedrero hasta acabar? Las voces no se detienen.

Pregunta 3: ¿Qué se supone que están premiando en Eurovisión? Nadie ha podido explicarme en casi 31 años cuál es el verdadero propósito de ese concurso.

Si habéis reparado en que han sido 3 preguntas y no 2, felicidades y mis condolencias. Felicidades por tener demasiado CI para poder formar parte de un grupo de los que van a Eurovisión (hay algunas excepciones como Katrina & The Waves, pero no son estadísticamente significativas). Mis condolencias porque probablemente tendréis que mostrar alguna clase de talento o cualidad o habilidad para ganaros la vida, y la fama fácil y sin esfuerzo ni merecimiento nunca os tocará.

¿Alguien puede contestarme?

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