… algo así:

“Os animo a daros cuenta de cuándo sois felices, y exclamar o murmurar o pensar en algún momento, Si esto no es bonito, no sé qué es.

Es fácil no darse cuenta de que tenemos una buena vida. Es fácil centrarnos en los sinsabores y la tristeza, en las cosas malas y en todo lo que no nos gusta. Y no darnos cuenta de que, la mayoría de nosotros, tenemos una vida envidiable, y la capacidad de hacerla tan buena como deseemos. Así que:

Tengo una vida cojonuda, muy buena en muchas cosas, y en la que consigo hacer lo que quiero la mayor parte del tiempo. Y puedo, si quiero, hacer que sea aún mejor. Si esto no es hermoso, no sé qué coño puede ser.

Gracias por el recordatorio, Sr. Vonnegut. Y gracias a Rapunzell, con quien hablaba sobre esto esta mañana, y que además recordaba una canción de Cristina Rosenvinge que habla sobre eso mismo, y acaba con estos versos:

El día que yo fui feliz
nadie tocaba el violín
ni una maldita florecita
ni arcoiris sobre mi.

El día que yo fui feliz
nunca pensé que fuera así
y como nadie me avisó
no me di cuenta y me dormí

Así que ya lo sabéis. Pararos a pensar en la vida que realmente tenéis, especialmente en los días en que tenéis la tentación de arrancar con el “todo me pasa a mí” y el “mi vida es una miseria.” El 99% de las veces, objetivamente, no lo es.

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