Un mundo nuevoEsta Semana Santa estuve con Rapun y Tindriel en la Manga del Mar Menor, aprendiendo a bucear. Ha sido una de las experiencias más geniales que he tenido en los últimos años.

No ha estado libre de dificultades. Ha habido momentos en los que no sabía si realmente sería capaz, si me gustaría. Pero lo he conseguido, y estoy muy orgulloso y feliz. Ahora tengo un título de Open Water Diver, que en cristiano significa que puedo bucear hasta 18 metros de profundidad, que ya está bien. Pero tengo mucho gusanillo, en especial por entrar en pecios. Hay uno cerca de donde hicimos el curso.

Momentos malos, dos: el primer día, el mareo por la mar de fondo que casi no nos dejó bucear. Los peces se hincharon de catar el caldero que yo me había comido. Y el sábado, cuando hicimos la primera prueba de quitarnos la máscara bajo el agua. Me entró agua en la nariz, me agobió el tener los ojos cerrados (al llevar lentillas no podía abrirlos), y tuve que subir a escape. Por suerte los profesores son una gente cojonuda, y ahí es cuando todo hizo click: cuando me di cuenta de que no me iba a pasar nada, y que podía con lo que hiciera falta. Y disfruté del resto de la inmersión a pesar de que la máscara no me cerraba bien y me entraba agua constantemente.

El último día fue una pasada, porque fue cuando más me dediqué a bucear: todo me salía a la primera, sabía que me iba a salir y que podría con cualquier problema que me surgiera. Y pude. Disfruté enormemente de ver un mundo nuevo por entero: no conocemos el mar hasta que no bajamos. Pero no tenemos ni idea.

Ha sido un momento realmente afortunado para hacer este curso. Como todo reto que superas, ha sido una enorme inyección de seguridad, y una oportunidad de reflexionar sobre lo que quieres, y sobre lo que puedes conseguir. Y la reflexión ha sido positiva, muy positiva. Porque ahora he decidido lo que quiero, y lo que puedo conseguir. Y estoy en paz.

Es probable que ni yo mismo sepa cuánto bien me ha hecho este curso. Pero estoy muy dispuesto a comprobarlo.

Anuncios