Más chungo que un bocata de alambradasAyer fuimos a ver 300, adaptación del cómic de Frank Miller y Lynn Varley, sin duda una obra maestra del cómic. Uno va siempre al cine a ver estas cosas con una mezcla de esperanza porque los trailers te la han puesto muy gorda, y de miedo ante la nada despreciable posibilidad de que la peli sea un mojón.

La peli es estupenda, y me ha gustado mucho. Creo que se ha logrado una gran fidelidad al cómic original, tanto en contenido como en estética. Es una película para ver muchas veces y disfrutarla con la gran cantidad de bellos detalles que se han incluido. Pero no quiero hablar de eso.

Uno de los debates acerca de la película es el debate que nos encontramos en el mundo de los que se denominan frikis o friquis, acerca del realismo histórico, la verosimilitud de la simulación histórica y demás pamplinas. este debate tiene su raíz fundamental en el hecho de que la mayoría de los frikis son, sin paliativos, unos retrasados mentales.

Es evidente que, como película histórica, 300 es una basura. Eso se debe principalmente a que, para empezar, el cómic es una basura desde el punto de vista de la fidelidad histórica. Miller ha cogido una bonita leyenda y ha hecho un cómic del copón con ella, una narración épica y sobrecogedora. En ningún momento Miller ha dicho que su cómic nos va a enseñar historia. Ni la película.

Sin embargo, ya rugen las legiones de idiotas por Internet protestando y quejándose sobre el realismo o no realismo de las armaduras, cascos, uniformes, casas y demás de la película, y esgrimiendo sus patéticos argumentos como si tuvieran la menor idea de lo que hablan (que no es así en el 99,99% de los casos) o como si a alguien le importara (en el 0,01% restante). Es como aquel idiota que, cuando fuimos a ver Gladiador, sólo se le ocurrió quejarse acerca de si las espadas de los jinetes romanos en la batalla inicial no eran los gladius de caballería que se usaban en aquel período. Gran proeza, bolsa de mierda, menos mal que estabas aquí para abrirnos los ojos y evitar que la industria de Hollywood nos engañara. En vez de, por ejemplo, hacer notar que el Emperador Comodo no murió en el circo luchando con un esclavo, que es lo que mucha gente creerá tras ver la película.

Y así hasta el infinito hastío. Y todo porque, como siempre, la gente no tiene ni puta idea de lo que va a ver. Si yo quiero rigor histórico y respeto máximo por el detalle, me pongo a ver Roma, que sí pretende ser un documental. No me pongo a ver una peli basada en un tebeo para luego poder ganar puntos con mis tarados amigos frikis por ser capaz de señalar unos detalles ridículos que son irrelevantes porque no es el propósito de la peli el mostrarnos el día a día de la vida en Esparta en aquella época. Yo voy a ver 300: una adaptación de un mito en el que un montón de tíos en pelota y sus abdominales se enfrentan a una legión de fantoches con piercings y uniformes ridículos y les dan las suyas y las del bombero, palmando de perfil y heroicamente entre pífanos y tambores. Ya sé que los griegos no iban al combate desnudos, gracias por la aclaración, gilipollas. Me da igual que, en la realidad, las cosas no fueron así: ya me lo imagino yo solo, por ejemplo, que la mayoría de los persas no eran negros, ni Jerjes llevaba piercings como para hacerse otro trono. Y es que me la pela: no es el propósito de la puta película. Así que haced un favor al mundo y no vayáis a ver una peli con la única meta de tratar de elevar vuestra autoestima siendo unos cretinos. Y de paso, ahogaros.

Si queréis una interesante opinión diferente sobre la peli, Tiberio hace un curioso análisis en su blog. Además, incluye enlaces a otros dos artículos, sobre lo que ocurrió realmente (o al menos la versión más plausiblepara los historiadores), y otro como breve análisis político sobre el impacto de una peli de Oriente vs Occidente con la que está cayendo. Como podéis imaginar Tiberio, siendo un enorme aficionado a muchas cosas frikis, no es un friki. Porque no es un retrasado menal, y no escribe sus entradas aporreando el teclado con las gónadas hasta perder el conocimiento.

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