La razón que atribuimos a nuestra conducta es muchas veces tan importante como la conducta en si.

Las personas nunca hacemos nada porque sí. Siempre hay una razón, que puede ser o no la que pensamos. Pero a qué atribuimos el origen de nuestra conducta dice mucho sobre nosotros, y sobre lo que haremos.

Básicamente, podemos atribuir nuestra conducta a causas externas a nosotros o internas a nosotros. En función de qué tendencia es dominante, se dice que tenemos un locus de control interno o externo.

Causas externas son las circunstancias u otras personas (“me obligó a…,” “tuve que…,” y similares). Causas internas se refieren a nuestros sentimientos y decisiones (“preferí,” “decidí,” y otras por el estilo).

En general, el locus de control interno se relaciona con una mejor autoestima, un mayor bienestar y una mayor responsabilidad personal. Entendemos que las personas que tienen un locus de control interno experimentan una mayor sensación de control sobre sus vidas, lo que es clave para tener un buen estado emocional. ¿Y por qué?  Por la indefensión.

La indefensión es la situación en la que percibimos que no tenemos la menor capacidad de control de nuestra situación. Ese estado provoca una enorme ansiedad, y si se prolonga lo suficiente, llevaría a la depresión, como estudió hace un tiempo un señor llamado Seligman.

Cada vez que responsabilizamos a una fuente externa de nuestra vida, sentimientos o situación, nos quitamos un poco de poder y control sobre ella. Pensad en ello.

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