Este fin de semana me voy a Granada, ayudado por una de esas rachas de cojonudología inesperadas que me flagelan de tanto en tanto. Resulta que estoy en mi casita, porque la megaconsultora con la que colaboro se ha llevado a toda su plantilla de outdoor training (o sea, a pegar barrigazos al monte). Con que hoy y mañana los tengo libres, cosa que he aprovechado para coger un billete a Granada a las 8, aprovechar bien el fin de semana, y tratar de esquivar el monumental atasco que probablemente se forme a partir de mañana por la tarde.

Además, ayer estuve en una empresa que necesita un responsable de RRHH, y que están dispuestos a contratarme como freelance, de manera muy similar a como he estado con uno de mis clientes, pero cobrando bastante más dinero. No es seguro, está en el aire, pero cuando una gente te pregunta si estarías dispuesto a empezar a la semana siguiente, uno no puede evitar concebir ciertas esperanzas. Y si no da igual, porque tengo trabajo para reventar desde septiembre en adelante. De hecho tendrías que estar preparando un presupuesto, huevón. Como eres.

(Esta parte se la dedico a Tindriel, que necesita reírse una mijita).

Tendría que estar preparando un presupuesto en vez de estar jugando al Resident Evil 4. Pero es que este juego, pretendidamente de horror, es demasiado humorístico para dejarlo pasar por alto aquí, hijitos míos. Os hago un resumen de lo visto de este clásico del humor, pergeñado sin duda por los guionistas de Misión Imposible II.

La trama con la que empiezas es sencilla: eres León Kennedy, típico metrosexual protagonista de juegos japoneses, con corte de pelo ridículo y más bien en la parte andrógina del espectro. Por lo visto, has protagonizado más juegos de la serie, por lo que eres un agente secreto o algo. La cuestión es que algún mamón ha secuestrado a la hija del presidente, y se la ha llevado a un rincón rural de Europa. ¿Sabéis dónde? A España. Agarráos, que vienen curvas.

En la breve animación de introducción que hace el juego, animada por una folclórica música de nonainonainononaino, aprendemos las siguientes cosas:

  1. España es un país de vagos, que sólo se dedican, en palabras de Kennedy, a cantar cumbayá en torno a una hoguera. Sí, lo he puesto en negrita porque es así de importante. El pasatiempo nacional en España no es el fútbol ni los toros ni el Salsa Rosa: es el cumbayá.
  2. Si tienes que dirigirte a una zona rural apartada, no te lleva la Guardia Civil, que es la que se encarga de estas cosas: te llevan dos policías nacionales de uniforme, en un todo terreno sin marcas, que se parece en el color… a los de la Guardia Civil.
  3. Al hilo de eso, los policías nacionales no se afeitan, y van siempre con barbas de tres días muy guarras y círculos de sudor en la sobaquina. Los únicos que se afeitan en España son los agentes secretos americanos.
  4. Viendo la zona boscosa y umbría en la que se ubica el poblacho al que llegas, uno piensa en Galicia, Asturias, o algo así. Sin embargo, todos hablan con un acento chicano que no se lamen. Gallegos mejicanos… ummmm.
  5. En España, los campesinos visten como aldeanos transilvanos de una peli gótica, llevan horcas, antorchas y hachas… y acento chicano. Las mujeres visten como si fueran Amish, y ninguno se ha lavado ni cambiado de ropa jamás. Debe ser que en España sólo se duchan los agentes secretos americanos.
  6. Si no eres un gallego transilvano con acento chicano portador de hacha o un policia – guardia civil sin duchar, sólo tienes una opción: ser un atractivo (aunque sin afeitar) joven, vestido como El Zorro. Porque en España, los tíos con clase nos vestimos con pantalones ceñidos, botas altas y camisas con volantes y chaleco de fantasía. Debe ser que en España el siglo XIX nunca pasó de moda.
  7. Y la mejor: en España, en el año 2004, la moneda es la peseta. Sí, chicos, la peseta. ¿Creíais que esos euros valen para algo? No, en Capcom saben mejor la verdad, y por eso aprendes que, en España, los campesinos guardan sus pesetas en cofres que le dan a todo ello un aire aún más de, no sé, “Cañas y Barro.”

De hecho, esa es la explicación, sin duda: estos hijos de puta de Capcom se han visto alguna serie costumbrista de las de TVE, y se han creído que es el Informe Semanal y la realidad española.

Voy a seguir jugando, a ver con qué gratas sorpresas me encuentro. No sé, quizá me encuentre a uno de los gallegos chicanos rumanos zombies viendo el “Un, dos, tres.”

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