Ya he hablado alguna vez de que los dos gatitos poco a poco se van haciendo a estar juntos en el mismo espacio. Además, Beba está pasando de ser una gata acobardada a darse cuenta de que es más grande y más vieja que Barbián, y no tiene por qué aguantarle las chorradas de cachorro. Es lo que tenía que haber hecho desde el principio, pero mejor tarde que nunca.

Esto quiere decir que se pelean menos, pero también hay que separarles en esos momentos, o castigarles si se portan mal. Teníamos una pistola spray de quitagrasas cargada de agua para esas ocasiones, pero Rapun decía que llevar ese bote era muy pesado, que no lo puedes tener cerca en todo momento, y que era una lata.

Así que ayer, aprovechando que nos íbamos a comer con la madre de Rapun por su cumpleaños (el de la mamá), nos acercamos a un todo a 100 y, para mi desmayo, Rapun se empeñó en comprar dos pistolas de agua. Dos revólveres, en concreto, porque mi chica es una clásica.

El fantástico plan resulta ser que llevaremos siempre el revólver a mano, y si los gatitos se pelean o hacen alguna barrabasada les chorrearemos de agua. Yo le encontraba un montón de objeciones al plan, empezando por el aspecto obvio de que íbamos a parecer estúpidos yendo por casa con revólveres de plástico enfundados en los cintos. Entre otras cosas.

Como es habitual, Rapun no me hizo ni caso. Compró dos revólveres (los fusiles con depósito grande los descartó por lo mismo que la botella spray), comimos muy bien, y nos volvimos a casa.

Oh, Crom, qué fiesta ha sido esto desde entonces. No puedo describir con palabras el jeto que se le pone a los dos gatitos cada vez que nos ven coger las pistolas, después de un par de ensayos con el tema (hay que decir que tanto Rapun como yo somos unos tiradores excelentes). Es mucho más gratificante correr a tiros a los gatos cuando se portan mal que limitarse a tratar de pillarles para darles una toba en el hocico. Y las pistolitas de agua les ponen negros, sin hacerles daño. No pueden esconderse.

Rapun dice que en 24 horas he pasado de considerar la idea de los revólveres ridícula, a buscar cualquier excusa para jorobar a los gatitos con las pistolas. He de desmentir esa falacia antes de que lo diga ella, así que lo afirmo: no es verdad que yo busque excusas para chorrear a los gatitos, y cuando llegues a casa te estaré esperando… emboscado.

Lo que han hecho de mí. Con lo que yo he sido.

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