En todos los grupos hay disensiones. En todos los grupos hay divisiones internas, más acentuadas a mayor tamaño del grupo. Así es la vida.

A veces las disensiones se quedan ahí, pero a veces el propio crecimiento del grupo u otros factores estresantes pueden dar lugar a un fenómeno conocido como polarización grupal (Moscovici y Zavalloni, 1969): las posturas de los grupos se extremizan en la dirección inicial, se percibe al otro grupo de forma prejuiciosa y estereotipada, se crece en la vinculación con el grupo propio, y en general las posturas y decisiones se radicalizan más.

En estos casos, es bueno recordar la máxima de Nietzsche acerca de que hay que tener cuidado al cazar monstruos no sea que te conviertas en uno, y que el abismo te devuelve la mirada y eso. Las posturas no suelen situarse en una línea: suelen estar en un círculo. Si uno se aleja lo bastante, a menudo acaba por defender lo mismo que su enemigo, pretendiendo enfrentarse a él. Y a veces, acabo escuchando palabras de un bando en boca de un miembro del otro.

Cuando llegas a ese punto, es bueno plantearte si no debes salir de la situación en cuestión.

Y recordad: Satán nos mira.

Anuncios