La putada mayor es pasearte con tu ajado plano del tesoro, mientras ves a los paisanos plantar patatas igual que hicieron sus abuelos e igual que hace todo el mundo. Ya me he bebido unas cuantas fuentes de la eterna juventud que al final resultaron ser Mirinda Cola, y se me está haciendo monótono.

Tú tienes una meta clara que es mensurable y objetivable, por difícil que sea. Yo no. Yo tengo una buenoide, llenita de agujeros y pasada de moda idea acerca de cómo deben ser las cosas, y me voy pintando las rayas de la pista según camino.

No sé si estoy yendo a alguna parte, la verdad.
Rapunzell | 05.11.06 – 10:01 pm |

La mayor perrería de los recogepatatas es que, incluso cuando has bebido de la Fuente de la Eterna Juventud, pueden convencerte de que era Mirinda Cola. Porque la eterna juventud tú no la ves, ni la conoces. Tú eres joven según con quién o cuándo, o qué te comparas. Sería bonito pensar que es un estado que se reconoce de forma clara e indistinta, pero no lo es. A menudo, eres joven hasta que un día subes una escalera y te ahogas. Pero hasta ese momento, tú no tenías conciencia de ello. Simplemente, era así.

Y en cualquier caso, tener la eterna juventud no te libra de puñetas. Lo que quiero decir es que incluso si estás en el buen camino, tendrás problemas, y tendrás incertidumbres. Sencillamente, serán distintos. Y si estás en el buen camino, probablemente puedas resolverlos porque tendrás las herramientas. Esa es quizá la diferencia real.

Tu mapa es bueno si te lleva a donde quieres, pero es que hay un problema: todos los mapas llevan al cementerio. Por tanto, lo que realmente importa es por dónde te lleva a tu destino. Algunos mapas te llevan por una hermosa ruta, en la que el viaje es grato y lleno de buenos momentos. Otros mapas te hacen atravesar el Sinaí 40 años como un montón de judíos siguiendo al peor guía de la historia, y pasándolas moradas. Pero no tienes forma de saber qué hay tras la siguiente vuelta del camino, porque todo el mundo dibuja el mapa mientras anda, como tú. El que muchos sigan un camino similar no cambia eso ni lo hace más fácil, porque el camino da muchas vueltas, y casi nunca puedes ver más allá de la siguiente curva.

Es lógico pensarUno que tampoco quiso coger más papas. que recoger patatas es más fácil que buscar Eldorado. La mayoría de la gente a nuestro alrededor las recoge: te metes en una hipoteca porque eso has de hacer, tienes hijos y te casas (según los recogepatatas a tu alrededor habrá cura o no) porque así son las cosas, te preocupa ascender en tu trabajo y ganar más pasta porque has de tener ambición, dejas de jugar cuando creces porque así hay que hacerlo, etcétera. Y recibes una enorme presión a tu alrededor, bien porque los recogepatatas te dicen directamente que deberías unirte a la recua "y dejarte de chorradas," o bien porque simplemente es muy difícil ver a todos a tu alrededor doblar el espinazo y no cuestionarse si no estarás dirigiéndote hacia el abismo. Es como cuando estás en una fiesta y todo el mundo se enzarza a bailar uno de estos bailes con una coreografía determinada que todos conocen. Puede ser difícil quedarte a un lado y no unirte a la manada.

Por otro lado, puedes pensar que estás en desventaja, por carecer de referencias. Es lógico. Si te sales del sendero trillado y te echas campo a través, no estarás seguro de dónde ir. Tendrás tu brújula, pero nadie te habrá escrito una guía Michelín. Y es lógico pensar que el que recoge patata sí la tiene, y eso es una ventaja.

Salvo que no es verdad. Esa es la razón por la que los recogepatatas siguen ciertas modas diferentes cada año, se enrolan en religiones "buscando respuestas," o se compran revistas de autoayuda y psicología de todo a 100, siguen un determinado estilo de vida del que abominan al poco (lectores de Men's Health, os miro a vosotros), etcétera. Sin dejar de recoger patatas, realmente. Porque ellos, a pesar de estar haciendo lo que todo el mundo, tampoco lo tienen claro. Y muchas veces su presión para traerte al rebaño no viene del interés genuino por tu bienestar: viene de la necesidad de decirse a sí mismos que recoger patatas como todo el mundo es el camino que les hará felices, y el ver que tú no coges la azada les hace dudar. La incertidumbre es muy mala.
En mi vida, toda la gente que me ha enseñado algo es la gente que no quiso recoger patatas. En general, son los únicos que tienen algo que decir. Eso no quiere decir que sus vidas fueran felices y comieran perdices. Algunos vivieron largos años tranquilos, y murieron de viejos en la camita, y otros acabaron en hospitales, pobres, o en algún lugar recóndito, lejos de sus hogares, violentamente liquidados. Pero es cierto que eso no resta valor a su ejemplo, porque todos vamos a acabar igual, de todas maneras. Pero a ellos les importó su vida lo bastante para no coger una azada.

Por supuesto, puedes decidir que no tengo razón. ¿Qué es lo que sé yo, de todos modos? A fin de cuentas, yo me equivoco constantemente. Me entristezco, porque a veces parece que tengo que dejar de ser yo para llegar a un lugar que creo con toda mi convicción mejor que otros posibles. A lo mejor tendría que hacerlo, y ser otro. No soy tan listo, ni atento, ni capaz como me gusta pensar que soy. Dudo de muchas cosas, y alguna noche no duermo pensando en lo acertado o no de lo que hago.

Pero no creas que las patatas te van a quitar las dudas. No creas que la manada tiene la respuesta. La azada sólo te garantiza que, probablemente, tendrás las mismas dudas y miedos que el resto. Nada más. Y al ser como los demás, dejas de ser tú y te traicionas. Y Roma no paga traidores.

Hay mucho más que decir, pero supongo que no sé decirlo. Y tampoco creo que este (al menos no en una entrada pública) sea el lugar. No lo sé. Pero por ahora, quizá baste.

Y recordad: Satán nos mira.

Anuncios