Un cardenal de la Iglesia Católica (Carlo María Martini, arzobispo de Milán) ha afirmado que el uso de preservativos es aceptable "como un mal menor" en parejas casadas, a condición de que sea para evitar la transmisión de SIDA entre los cónyuges. La noticia está aquí. Y aquí está un perfil de dicho sacerdote, que es un personaje curioso, y que estuvo cerca de ser Papa.

Es difícil imaginarse a Benedicto XVI levantando la prohibición de la Iglesia Católica contra el uso de preservativos, pero los Papas han cambiado de política en otras ocasiones. La cuestión no es si podemos imaginar al Papa dando el OK a los condones. La cuestión es si sería un buen movimiento.

La Iglesia Católica se ha aferrado con fuerza a su oposición a los condones a pesar de la problemática del SIDA y del uso extendido del condón por parte de la mayoría de católicos del mundo. En tanto la Iglesia mantenga esa postura, se puede retratar como una valerosa defensora de la verdad contra las presiones de la sociedad laica. Cambiar de postura ahora presentaría su oposición anterior como una postura atrasada, subdesarrollada. La Iglesia perdería mucha imagen en ese caso.

Pero la Iglesia ha cambiado de postura muchas veces a lo largo de la historia. La Iglesia Católica instituyó la esclavitud hereditaria de los africanos, y ahora considera que la esclavitud es "intrínsecamente desordenada." Prohibió prestar dinero con usura, pero ahora lo acepta y practica. Defendió el geocentrismo y el creacionismo pero ahora acepta las conclusiones de la cosmología y biología modernas sobre la evolución. Apoyó la monarquía como institución de origen divino, y ahora apoya la democracia. Convocó las Cruzadas, pero Juan Pablo II habló en contra de la guerra de Iraq.La Iglesia practicó (cínicamente) la pena capital, y ahora se opone a ella.

En cada una de estas cuestiones, la Iglesia descubrió que había llegado a un punto en el que ya no podía seguir aferrada a su postura. Tenía que revisar su posición para seguir siendo una institución válida. Su posición podía ser diferente del consenso secular, pero no tan diferente como para que la gente no pudiera tomar a la Iglesia en serio. Llegó un momento en el que si la Iglesia seguía promoviendo la esclavitud y la monarquía perdería más por aferrarse a sus tradiciones que lo que perdería si aceptaba el progreso social y seguía el avance del humanismo.

Así que la cuestión no es si la Iglesia es capaz de cambiar de postura después de todo lo que ha montado contra los condones. La cuestión es ver si la Iglesia pierde más aferrándose a una posición que cada vez es ultrajante para más gente, o reconociendo que venga va, nos equivocamos, pedimos disculpas y a otra cosa.

El Vaticano está hoy día tan distanciado de la sociedad laica en el tema del condón, que ya surgen discrepancias de alto nivel en la Iglesia. Un portavoz de la Conferencia Episcopal Española por ejemplo, afirmó que "los preservativos tienen su lugar en la prevención global del SIDA."

Dada la distancia que existe entre la cultura secular y la Iglesia en este asunto, parecería que al Papa ya le toca cambiar de política. Pero hay otro factor de peso a la hora de aceptar o no los preservativos: la población. La Iglesia Católica estña luchando – y perdiendo terreno – en África y Sudamérica contra el cristianismo evangélico y el Islam, reduciendo así su cuota de población. Ablandar su postura en ese asunto podría llevar – literalmente – a una menor tasa de nacimientos y unas futuras generaciones de católicos menos abundantes.

Más aún, una enorme parte de la controversia sobre el condón, y de la lucha por los fieles, se está desarrollando en África. Los africanos, comparados con los ciudadanos occidentales, tienden a estar desfavorablemente predispuestos hacia la homosexualidad y la contracepción. Estas actitudes parecen ser parte de un sexismo general, que es la misma actitud que nos proporciona perlas como la ablación del clítoris. Cambiar de política en cuanto al condón podría ser de poca ayuda para ganar puntos en África.

¿Qué es peor, perder fieles porque estás atrasado, o perder fieles porque admites que estabas equivocado, y más y más de tus fieles empiezan a usar preservativos? Ese es el dilema que afronta Ratzinger.

Y luego está, por supuesto, la cuestión de qué es lo que se supone que Dios le dice a Ratzinger que debe hacer.

Mi predicción o teoría del pato: Ratzinger reforzará la oposición a los condones, pero el siguiente encontrará la forma de aceptar los condones como medio para evitar la expansión de las ETS. Quizá el cambio de postura comience con alguna clase de aclaración acerca de que la cultura de la vida incluye políticas que eviten la extensión de enfermedades fatales. La aceptación general del control de natalidad, aparte de para prevenir enfermedades, está todavía más lejos.

Imperator fuera.

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